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9S: en Bogotá sí hubo una masacre

Por Simona, Escudos Azules

Hoy se cumplen dos años desde que la fuerza policial arremetió contra la vida de 11 a 14 jóvenes en Bogotá durante la pandemia. En su nueva columna, Simona recuerda a las víctimas mortales, honra a sus familias y nos cuenta en qué van estos casos. El panorama es de casi total impunidad.

septiembre 9, 2022

Javier Ordóñez, German Smith Puentes, Julieth Ramírez, Angie Paola Baquero, Jaider Fonseca, Fredy Alexander Mahecha, Cristian Hernández, Julián Mauricio Fory, Andrés Felipe Rodríguez, Cristian Rodríguez, Anthony Gabriel Estrada, Andrés Hurtado, Lorwuan Mendoza y Eider Jesús Arias viven. 

Han pasado dos años desde que escuchamos las súplicas de Javier Ordoñez: “Ya, ya. ¡Por favor!”, para que no lo asesinara la Policía Nacional. Dos años desde que la Policía asesinara al menos a 11 jóvenes en Bogotá y Soacha, en lo que la ONU llamó posteriormente “Uno de los episodios más graves de violaciones a los derechos humanos en la historia de la ciudad”. Dos años en los que no ha existido justicia para las familias de las víctimas: de 87 policías vinculados al caso del 9S, hasta el año pasado solo ha habido cinco imputados.

Hoy, nueve de septiembre (#9S) de 2022, se conmemoran dos años para muchas familias y parte de la sociedad, quienes se niegan a olvidar que en Bogotá y en Soacha hubo una masacre perpetuada por la Policía.

Ese día, todo inició a las 3:00 p.m. La ciudad se inundó de gritos y arengas protestando por el asesinato de Ordóñez. A las cuatro de la tarde cayó la primera piedra y, horas después, varios CAIs ardían como muestra de una ciudad cansada del abuso policial. 

Pero la respuesta fue una represión policial a niveles nunca vistos. A las 6:51 p.m. murió Julieth Ramírez por los disparos de la Policía Nacional en la localidad de Suba. Allí también murieron Angie Paola Baquero, German Smith Puentes y Fredy Alexander Mahecha. 

Una hora después, en Suba y en Usaquén, al igual que en otras localidades, policías accionaron sus armas de fuego contra les manifestantes. En el CAI de Verbenal, dispararon 94 veces en cuatro oportunidades. Allí asesinaron a Jaider Fonseca, Andrés Felipe Rodríguez y Cristian Hernández, quien falleció ante la mirada atónita de todes en medio de la calle. La Policía no le permitió a su hermana Lina, ni a nadie, auxiliarlo.

Este nivel de violencia policial se replicó en Engativá o Timiza, Kennedy. Allí asesinaron a Julián Mauricio Fory y a Cristian Alberto Rodríguez. Luego de dos años la Fiscalía no ha logrado identificar quién disparó, sobre todo porque podría haber una presunta complicidad entre la policía  y civiles que usaron armas de fuego esa noche.

La violencia llegó hasta Soacha, frente a la estación de Ciudad Verde. Allí la manifestación se concentró a las 8:00 p.m. Una hora después la Policía trató de dispersar a les jóvenes usando gases lacrimógenos.  Luego, cerca de las 10:00 p.m., policías se subieron a una terraza y dispararon 82 veces contra les manifestantes, hiriendo mortalmente a Lorwan Stiven Mendoza, Anthony Gabriel Estrada y Cristian Hurtado. Esta ráfaga dejó a otras seis personas heridas. Esa noche también murió Eider Jesús Arias, cuyo caso cuenta con muy poca información.

Ese nueve y diez de septiembre de 2020 inició un camino largo para las familias de las víctimas, que se han tenido que enfrentar al doloroso panorama de la impunidad y la revictimización. Contar con los relatos de madres, hermanas y familiares en general, hablar con estos familiares, era fundamental para mi columna.

¿Cómo han cambiado sus vidas? En todos los casos me respondieron que su mundo se cayó en pedazos y sus familias no volvieron a ser iguales.

“En estos dos años mi vida dio la vuelta de la felicidad a una tristeza cada vez más profunda. Un dolor que crece y crece”, me cuenta doña Graciela, la mamá de Germán Smith Puentes, asesinado en el Rincón, Suba. Por este caso fue condenado el patrullero Andrés Eduardo Díaz, quien según la Fiscalía disparó su arma 24 veces, al parecer producto de una crisis nerviosa. “Nadie se alcanza a imaginar el daño que nos hicieron porque sé que no soy la única. Las caricias, las risas, el cariño cambiaron por culpa de personas que recibieron la orden de matar y disparar”, dice doña Graciela. 

“El vacío de no tener ese ser querido me destruye cada día más sabiendo que el asesino está afuera disfrutando su vida mientras mi hermano no está ya acá”, afirma Lina, la hermana de Cristian Hernández. “Quisiera tenerlo y la tristeza diaria no me deja vivir en paz, salir con las personas que salía antes no es lo mismo, reír no es lo mismo porque siento que una parte de mí la enterraron el día que lo asesinó ese policía”. Después de dos años, el caso continúa  en investigación preliminar. La Fiscalía está tomando declaraciones de los policías que estuvieron presentes esa noche. 

Por su parte doña Ivonne, madre de Christian Rodríguez dice que “Es duro sentir ese vacío, pensar que ya no está, esperando que llegue en las noches a dormir, y saber que ya nunca va a volver. Lo que me da rabia es que la Fiscalía haya cerrado el caso por no encontrar a un culpable. Cerrar el caso dónde asesinaron a un inocente, dejar todo, así como si hubieran matado a un perro”. En este momento la investigación sobre el asesinato de Christian está archivada. La representación legal está solicitando el expediente y que se realicen pruebas.

“Estos dos años como mujer han sido de impotencia, de ver que todo lo que hago por exigir que el culpable pague por la muerte de mi hija”, me cuenta Nury, la mamá de Angie Paola Baquero. Ella denuncia que le quitaron “El derecho como persona, como mujer y como mamá cabeza de hogar de trabajar y llevar el pan a mi casa. Por pararme como mamá de Angie a exigir una verdad, me amenazaron y por mi autocuidado no pude trabajar más. Asesinaron a mi confidente, amiga y me asesinaron en vida por el dolor que llevo día a día”. El caso de Angie se encuentra en audiencia preparatoria de juicio oral contra el patrullero Jorge Andrés Lasso Valencia, acusado por el delito de homicidio. Continuará el 15 de septiembre.

Ante el peso de las ausencias, y el dolor que albergaban sus corazones, sabían que juntas serían más fuertes. Por eso Maira Páez, pareja de Jaider Fonseca, el menor de 17 años asesinado en Verbenal, se unió con su tía Doña Luz Mary para buscar a familiares que estaban pasando por lo mismo. Así se unieron la mayoría de familias víctimas del #9S, inicialmente de Bogotá, y el 10 de diciembre de 2020 salieron a marchar contra la brutalidad policial. Este fue su primer espacio de resistencia. En 2021 se conectaron con las familias de Soacha. Hoy en día las 14 familias están unidas bajo el nombre 'Colectivo 9 de septiembre'. En este espacio se encontraron en el afecto la forma de arroparse y de cuidarse para sanar.

Las madres de las víctimas mortales han sido protagonistas. Esta dinámica es histórica en un país sumergido en la guerra como Colombia. Su rol ha sido fundamental en el proceso del colectivo de exigencia de justicia, pues constantemente luchan para que la sociedad no olvide que la policía que juró defendernos asesinó a sus hijes. Estas madres se han convertido en un símbolo de la juventud que sigue saliendo a las calles.

A ellas las he visto en plantones, velatones, marchas, ollas comunitarias, murales, conciertos y en todo espacio donde puedan alzar la voz por la memoria de sus hijes. Desde aquel #9S, se reúnen todos los nueve de cada mes en el “Parque de la resistencia” antes llamado “Parque de la policía”. Este se ubica en el barrio Verbenal, cerca al CAI en el que estos agentes accionaron sus armas de fuego contra tres jóvenes.

En este espacio se ha aprendido a tejer en colectivo, a través de la música, el arte y la memoria y en honor a la vida de estos 14 jóvenes asesinados. Hoy en día el lugar está lleno de grafitis conmemorativos y tiene un jardín de memoria, donde se cultiva la esperanza en el mismo lugar en el que antes se sembró la muerte.

Es primordial continuar alzando la voz y gritar como menciona Maira: “Lo que se ha venido haciendo es nombrarlos, recordarle a la gente que fueron 14 personas las que asesinaron y 14 familias no son iguales y no volverán a estar completas porque ellos no van a volver (…) Siempre tendemos a cuantificar y no son números, también tienen un nombre”.

Sé que el camino es difícil, pero admiro el valor con el que estas familias hablan en público, la disposición para juntarse y su perseverancia para seguir exigiendo justicia. Quiero decirles a estas madres, esposas, novias, hermanas y a todas las familias, que sus seres queridos se deben sentir orgulloses de la determinación y de la valentía con la que continúan resistiendo. Y que la juventud que queda y se moviliza no olvida el #9S. A su lado continuaremos exigiendo verdad, justicia, reparación y no repetición.

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