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Clemencia Carabalí: “El mejor asesor de un ministro debería ser el pueblo”

Por Angélica Bohórquez

La nueva Consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer lleva más 30 años siendo lideresa en el norte del Cauca, una de las zonas más violentas del país. Ha sobrevivido decenas de amenazas, dos exilios y un atentado con granadas, del que también salió ilesa Francia Márquez. En conversación con Clemencia Carabalí, nos queda claro que la suya no será una labor limitada a un nombramiento.

septiembre 14, 2022

Si hubo una crítica que resonó sobre el trabajo de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer en el gobierno pasado es que no alcanzó las regiones. Se habló de falta de presupuesto para trabajar de la mano con entes territoriales, pero también de falta de voluntad política para al menos reunirse anualmente con secretarías y subsecretarías de la mujer en los distintos territorios donde operan.

Luego está el anuncio que hizo el pasado ocho de agosto el Director del Departamento Administrativo de la Presidencia, Mauricio Lizcano, sobre eliminar algunas consejerías presidenciales. Esto para frenar gastos burocráticos y centrar el trabajo entre el presidente y sus ministerios. Pero con los días parece que se ha asegurado la permanencia de esta entidad. ¿Cómo lograr que su gestión sea más efectiva en el actual gobierno?

La lideresa social afro Clemencia Carabalí Rodallega acaba de ser nombrada para dirigir esta oficina, adscrita a la Vicepresidencia. La noticia se ha celebrado como un triunfo por parte de los movimientos de mujeres y territoriales. Esta defensora de DDHH nació en el municipio de Buenos Aires, en el norte del Cauca, a una hora de donde nació Francia Márquez, a quien conoce hace más de 20 años. Su cercanía geográfica se traduce en su vínculo: hoy siguen teniéndose al lado.

En 1997 fundó ASOM, la Asociación de Mujeres Afrodescendientes del Norte del Cauca, y desde ahí ha tejido comunidad con las mujeres de estos territorios. En 2019 recibió el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos como ‘Defensora del año’. Este 2022 ganó el premio del Centro Nacional para Académicos Woodrow Wilson, al Servicio Público. 

Entre los colectivos de género se asegura que “Clemencia conoce de primera mano las necesidades de las mujeres rurales, étnicas y populares y sabe las luchas y riesgos que acarrea ser defensora de la vida y los territorios”. Las expectativas sobre su nombramiento son altas.

Esta tecnóloga industrial y administradora de empresas llega con el compromiso de destacar la labor de la Consejería, que pudo haber hecho más por las mujeres de Colombia en años pasados, y de descentralizarla. Sobre todo, Clemencia llega tomada de la mano de sus 254 compañeras de ASOM, su bagaje e ideas, para insistir en su lema: “Ninguna es tan fuerte como todas juntas”. 

En MANIFIESTA conversamos con Clemencia Carabalí acerca de su nombramiento para este cargo, la importancia de que los recursos para la defensa de los territorios lleguen a las organizaciones de mujeres, el trabajo incomparable de ASOM, su lectura sobre el primer mes del nuevo gobierno y el vínculo profundo con la vicepresidenta Francia Márquez.

‘Hay que insistir en que las mujeres sabemos cuidar la vida’

El día de Clemencia Carabalí arrancó a las 6 a.m. con nuestra entrevista. Han sido jornadas intensas de cogerle el ritmo a la única dependencia del gobierno con la tarea de fomentar y acompañar el diseño de políticas, programas, planes y proyectos en pro de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el país.

Hoy sabemos que la Consejería tendrá un enfoque de inclusión, territorial y consultivo. Además, aportará a la construcción del MinIgualdad y el Sistema Nacional de Cuidado y se enfocará en garantizar los derechos sexuales y reproductivos de niñas, mujeres y personas LGBTIQ+.

Una integrante del nuevo equipo de Clemencia nos explicó que la territorialización se hará en dos vías: la articulación con los Diálogos Regionales Vinculantes y la creación de equipos territoriales propios. Los Diálogos Vinculantes son la propuesta de despliegue del gobierno para crear mesas de trabajo en diferentes municipios y recoger los insumos para el Plan Nacional de Desarrollo.

Clemencia comenzó contándonos que a finales de agosto participó en un taller junto a lideresas como la africana Cécile Ndjebet, fundadora de la Red de Mujeres Africanas para la Gestión Comunitaria de los Bosques, y Archana Soreng de India, integrante del Grupo Consultivo de Jóvenes sobre el Cambio Climático del Secretario General de las Naciones Unidas. Se reunieron para pensar de qué maneras los recursos de protección de los territorios pueden llegar a organizaciones comunitarias de mujeres. Esto, para evitar que queden flotando en el ‘oenegenismo’. O sea, dentro de las ONGs internacionales que operan en diversos territorios.

El taller fue convocado por Rights and Resources Initiative (RRI), 150 organizaciones que promueven los derechos de los bosques y recursos para poblaciones minoritarias y locales. La motivación era trazar rutas para que los dineros lleguen a las mujeres que cuidan sus territorios. 

“Las mujeres somos cuidadoras de la vida. Está comprobado que a los recursos en manos de mujeres se les da mejor uso en función de lo colectivo (...) Necesitamos tener herramientas para seguir haciendo esta labor tan importante, justo en este contexto donde la situación climática es cada vez más preocupante. Tenemos que fortalecer acciones de juntanza”, nos explica Clemencia.

En 2016, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos calculó que se asignaron 10.000 millones de dólares a organizaciones de la sociedad civil abanderadas de la justicia de género. De esa cifra, solo el 8% llegó a organizaciones en países de desarrollo. Y una cantidad ínfima llegó a organizaciones de base que promueven los derechos de las mujeres.

Una de esas organizaciones es ASOM, un referente de resistencia en el país, que desde sus inicios ha contado con el apoyo financiero de la cooperación internacional, que se ha fortalecido en los últimos tres años. Esta inició como una red de liderazgos de mujeres en Buenos Aires, Cauca. En ese momento se juntaron para evitar que la fruta que cultivaban se perdiera en la cosecha o en el largo transporte para su venta. Luego todas vieron que, más allá de la fruta, había  temas de acceso básico a salud y educación por resolver.

En 1997 se realizó la primera asamblea de mujeres, cuando se agruparon en un comité. Seis meses después este se convirtió en asociación. Hoy son 254 mujeres que lideran procesos en el norte del Cauca y en el Pacífico: López de Micay, Guapi y Timbiquí.

Su compromiso con la paz y el buen vivir es su bandera. Entre las líneas de trabajo de ASOM está la socialización del Informe Final de la Comisión de la Verdad en las comunidades y espacios académicos. También el empoderamiento económico, el trabajo en comunicación y cultura, la identificación de áreas protegidas y la prevención de violencias basadas en género. 

Una de las tareas que más resalta Clemencia es la del empoderamiento. “Por ser mujeres rurales, aunque no tenemos mucha tierra (que es una de las grandes dificultades de las mujeres en Colombia, no solo en ASOM) intentamos recrear nuestros conocimientos ancestrales de producción amigable con el ambiente”. Así se recuperaron las fincas tradicionales. “Es un ambiente donde usted consigue de todo: desde las hortalizas, plátano, maíz, fríjol, café, que ya es más tema de venta. Pensando en generar conservación ambiental, ingresos y seguridad alimentaria”, dice Clemencia como si hablara de un hije.

Antes de ser defensora del año…

Nació en La Balsa, vereda de Buenos Aires. Es la menor de nueve hermanos y su vocación de lideresa apareció cuando cursaba once, en el colegio. Fue en la clase de ‘Proyección a la comunidad’ donde entendió que ella y sus compañeras podían hacer planes para cambiar situaciones que las afectaban, sin esperar a que viniera alguien de afuera.

Es mamá de dos hijos mayores y dice que es la única mujer en una casa con tres hombres, incluido su esposo, quienes nunca han dejado de apoyar sus luchas. Aunque estas le han costado amenazas desde finales de los años 90.

Entre 1999 y 2000, Clemencia y ASOM hicieron frente al Bloque Calima de las AUC. Un domingo, día de mercado, llegaron al municipio hombres encapuchados y en camionetas. Desde antes se habían vuelto paisaje los cuerpos tirados en las vías. Pero ese día los paramilitares se mostraron públicamente. El siguiente año perpetraron la masacre de El Naya.

Como Asociación, su tarea fue albergar a las comunidades desplazadas de las zonas altas de Buenos Aires y otros municipios. Sin embargo, para asegurar la alimentación de todes, debían ir a esas zonas y recolectar comida. En ese intento, un retén paramilitar les impidió la entrada a los territorios y Clemencia se les enfrentó. Eso le valió todas las amenazas que han seguido. 

Por hechos así, Clemencia ganó el Premio Nacional de Derechos Humanos 2019-2020 en la categoría ‘Defensora del año’. “Realmente ha habido cambios. Ese premio contribuyó a la visibilización de nuestro trabajo y de Clemencia como persona”, cuenta. “A mí en lo personal también me ha ayudado a fortalecer relaciones de apoyo, de amistad. Me ha abierto el abanico en el campo social y de defensa de derechos. Esa juntanza en distintos niveles es muy importante”, agrega Clemencia.

El último reconocimiento que recibió fue el Woodrow Wilson, para personas que realizan trabajo sobresaliente en el ámbito público.

La Consejería para la Equidad y la Vicepresidencia: ¿Más juntas que nunca?

Foto por Darwin Torres

Clemencia Carabalí y Francia Márquez se conocen desde muy jóvenes y estuvieron juntas en el que pudo ser el último día de sus vidas. La tarde del cuatro de mayo de 2019 sufrieron un atentado con granadas y disparos de fusil en medio de una reunión de liderazgos del norte del Cauca, para pensar estrategias que permitieran levantar las movilizaciones de la Minga Indígena en la Vía Panamericana. Las amenazas contra Clemencia no se detuvieron luego de eso. Todas indicaban que debía salir del territorio porque estaba “frenando el desarrollo”.

Hoy esa es la frase que le dirigen con ahínco a la vicepresidenta quienes están en contra del gobierno de Petro. Además de los desplantes del propio presidente a Francia, vinculando a mujeres cuestionadas por sus apoyos a hombres en procesos por violencias basadas en género como Cielo Rusinque, que ahora dirige el DPS, el cual supuestamente sería la base del Ministerio de la Igualdad.

A esto se suma el conflicto recrudecido en regiones como el amado norte del Cauca de Clemencia y sus compañeras. Hace una semana se perpetró una masacre en Santander de Quilichao, que dejó un saldo de tres personas asesinadas. Es la número 12 en el departamento en 2022. “Esto no para. Lo que debe buscar este gobierno es que pare. Tenemos mucha esperanza en los diálogos, ojalá con todos los actores armados. Que podamos avanzar en una paz estable, unos diálogos que garanticen la vida en los territorios y poder desarrollar nuestra labor como defensoras de DDHH y derechos étnico territoriales”, dice Clemencia.

La esperanza no es un lugar para imaginar, sino para hacer. Y Clemencia sabe que la paz, así como la equidad de género, no es posible sin enfrentar las necesidades de las personas más vulneradas. “Yo creo que ninguna de las reformas que está planteando este gobierno debería dejar de contar con las comunidades. Finalmente somos las más afectadas por cualquier decisión de país que se tome”, explica.

Cuando le pregunto sobre si ASOM ya se sentó a hablar con integrantes del nuevo gabinete, dice que no directamente, “Pero sí sabemos que la vicepresidenta se ha acercado a los ministros, incluso en el tema de salud, para invitarles a trabajar con las comunidades y las mujeres”. Agrega que en Francia Márquez ven contenidas las garantías para que estos diálogos se den de manera prioritaria. “Esperamos que el llamado tenga eco. Necesitamos aportar allí”.

Clemencia es consciente de que hay intereses encontrados. “Siento que incluso a algunos ministros les cuesta un poco, porque he oído algunas discusiones de la vicepresidenta con ellos. Les cuesta bajarse, ‘quitarse los zapatos’. Les cuesta pensar que el pueblo puede o que es importante contar con nosotros”, asegura. “Yo creo que el mejor asesor de un ministro debería ser el pueblo”, concluye Clemencia.

El presidente Gustavo Petro anunció ayer en el acto de posesión de Clemencia y un grupo de funcionaries, que el Ministerio de la Igualdad no se creará a partir del DPS. "No quise que el DPS fuera el MinIgualdad. Eso es como decir que el neoliberalismo tenía razón y que a punta de limosnas para pobres se construye la igualdad". Mencionó que la creación será tarea de la vicepresidencia y que ya se estipuló por decreto presidencial.

La Consejería, por su parte, se articulará para sentar las bases de la nueva cartera. Además de Irene Vélez, Clemencia es la única integrante de Soy porque somos dentro del gobierno. La falta de representatividad da cuenta de los pulsos silenciosos que la vicepresidenta ha tenido que librar.

Aunque el camino al MinIgualdad sigue generando preguntas y contradicciones entre funcionaries del gobierno, con Clemencia a bordo podemos pensar que Soy porque somos logrará legitimidad y una agenda propia dentro de la nueva cartera. Ella misma podría jugar un rol clave en alguno de los viceministerios de poblaciones (mujeres, personas LGBTIQ+, comunidades étnicas) a los que Francia Márquez se refirió meses atrás. Su conocimiento de los derechos étnico territoriales sería clave para asumir esa tarea.

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