Guía MANIFIESTA de autocuidado para mujeres que cuidan a otras mujeres

Acompañar y cuidar a otras mujeres víctimas de violencias basadas en género es una labor que requiere autocuidado. Por eso construimos una guía con prácticas de cuidado propio para mujeres cuidadoras, con el objetivo de que su labor no deteriore su salud mental, física y emocional.

Jennifer del Toro lleva una década dedicada a trabajar acompañando a otras mujeres desde que ingresó a la plataforma departamental de mujeres del Magdalena. Esta experiencia de años luchando por una agenda igualitaria en el departamento la llevó a crear en 2015, junto con otras compañeras, el Frente Amplio de Mujeres, dentro de la ONG Calidad Humana. Desde allí han podido acompañar los procesos legales de mujeres migrantes, mujeres que se enfrentan a la industria extractivista y mujeres víctimas de violencia doméstica, en un territorio donde aún la agenda por los derechos de las mujeres sigue siendo discurso con pocos avances concretos, según ellas. 

Fue en este Frente Amplio de Mujeres que crearon Alerta Violeta, el primer sistema de alerta temprana de feminicidios en el país, el cual ha salvado la vida de al menos 75 mujeres en la zona. Dedicar horas del día ayudando a salvar a otras mujeres de la violencia de género que aumenta a diario puede tener un costo emocional alto si no se toman las medidas de autocuidado necesarias.  Jennifer es consciente de eso. “Nosotras construimos otras formas de liderazgo menos heroicos y sacrificiales”, esa es la primera herramienta que tienen para ejercer su trabajo. “No entregamos todo a costa de una misma. Eso es reproducir las máximas del patriarcado: la entrega total de la mujer. Las mujeres no venimos al mundo a ser el sacrificio de nadie, ni siquiera en los procesos políticos”.

Las mujeres como Jennifer, que atienden y acompañan a otras mujeres víctimas de violencias basadas en género, y que hacen de esta labor muchas veces su trabajo, reconocen que el autocuidado debe ser un pilar dentro de las organizaciones en las que trabajan. De hecho, muchas han implementado prácticas colectivas e individuales para mitigar los impactos que esta labor genera constantemente en su salud emocional y mental. Sin embargo, debido al confinamiento y al teletrabajo muchas de esas prácticas tuvieron que cambiar, pues era imposible, por ejemplo, reunirse en persona a tramitar la carga emocional. El autocuidado tuvo que migrar, como muchos otros aspectos de la vida, al espacio virtual.

Es por esto que, escuchando los relatos y las vivencias de estas mujeres cuidadoras durante los últimos meses, en MANIFIESTA construimos una guía de autocuidado para mujeres que cuidan a otras mujeres, pues acompañar y apoyar a quienes son víctimas de violencias basadas en género no debería costarle el bienestar a más mujeres.

«No entregamos todo a costa de una misma. Eso es reproducir las máximas del patriarcado: la entrega total de la mujer».

Jennifer afirma que lo que más las quiebra como equipo es la violencia política que se ejerce sobre las líderes y que las lleva a desactivar procesos de liderazgo. Por ejemplo: además de psicóloga y líder en procesos sociales y políticos en su departamento, ella es excandidata al Concejo de Santa Marta. Por su trabajo ha recibido cinco amenazas de muerte. “Esos procesos nos han enseñado a no ser tan visibles o disminuir la incidencia que tenemos en algunos procesos. Tú sientes que te toca hacer un duelo de un proceso que te toca abandonar. Igual que cuando pierdes algo que quieres mucho”. Jennifer también denuncia que las medidas de protección que necesita ya están aprobadas desde junio de este año, pero no han sido implementadas. Como ella misma afirma, las medidas de autoprotección que decidió implementar fueron mantener un perfil bajo y acudir a otras organizaciones que la apoyaron, como Sororidad Activista. Gracias a su apoyo se mantuvo en el país.

Dentro del Frente tratan de reunirse dos veces al mes para acompañarse y hablar de los procesos que llevan. Jennifer asegura que además de compañeras, son amigas. “Nunca nos dejamos solas (…) y tratamos de que los procesos no recaigan en una sola persona: conversamos y hacemos grupos de trabajo sobre esos casos. Nosotras somos mujeres muy fuertes, nunca he visto a mis compañeras llorando”. Por la pandemia esos espacios compartidos se han trasladado a la virtualidad. “El espacio sí se quebró por la pandemia, pero no suspendimos la agencia. De hecho, se intensificó por los casos violencia doméstica. Eso a costa de nuestro propio cuidado. Cuando las violencias se agudizan afuera, las lideresas pasamos a un segundo plano”.

La necesidad que sintieron de acompañar a otras mujeres en Magdalena también la sintieron en Bogotá, sobre todo durante la cuarentena. La Red Solidaria de Mujeres se creó en marzo y empezó a funcionar a finales de ese mes como una forma de mitigar lo que significaba la pandemia y el confinamiento para miles de mujeres en Colombia: estar encerradas en sus hogares con sus victimarios. Las voluntarias de la Red empezaron trabajando todos los días desde el mediodía hasta las seis de la tarde, pero ahora el horario de trabajo es mucho más flexible, pues se ha ido adaptando a la cantidad y complejidad de los casos que van llegando. “En la Red Solidaria hay un equipo llamado Primera Línea: ahí atendemos exclusivamente por Whatsapp y damos la primera información necesaria, luego hay un equipo de abogadas, juristas, y un equipo psicosocial”, afirma una de las integrantes.

Las dos mujeres que trabajan en la Red concuerdan en que la conexión entre los tres grupos (Pirmera Línea, psicosocial y jurídico) es vital porque cada caso presenta una necesidad diferente: “Hay mujeres que llegan con una angustia jurídica y solo quieren hablar con una abogada, de pronto llegan mal, pero no quieren hablar con el equipo sicosocial”.

Ante la gran cantidad de casos que empezaron a llegar, el autocuidado fue un tema que estuvo presente desde el principio. “Inicialmente era algo que nos preocupaba un montón y decidimos abrir un espacio semanal. En un principio era solo para Primera Línea, pero luego fue para todo el equipo: hablar de lo que estábamos sintiendo. Ese espacio se fue diluyendo orgánicamente porque ya nos estábamos reuniendo mucho y había chicas que preferían no estar en un grupo. En algún momento dejó de funcionar, pero también dejé de necesitarlo tanto”. Juliana*, integrante del equipo de Primera Línea desde el inicio, cuenta que los primeros dos meses se descargaba con sus amigas. El espacio dejó de ser necesario porque se acostumbró.

Laura*, quien entró en mayo a apoyar el equipo de abogadas fue de ese grupo de chicas que no asistió a los espacios semanales. “Yo no fui a los encuentros porque esto es un trabajo adicional que hacemos todas, todas tenemos más trabajo y las reuniones se extienden un montón y eso es complejo en el horario semanal”. Para ella, la sensación es que ya varias habían trabajado antes acompañando a mujeres víctimas de violencias basadas en género, por lo que ya todas tenían prácticas de autocuidado más arraigadas que no necesariamente implicaban reuniones.

Las dos concuerdan en que lo que más requiere autocuidado son los casos que se salen de sus manos por barreras institucionales y la forma en la que deben comunicárselo a las mujeres afectadas. “Siento que la única manera de resistirlo es hacer el trabajo y ver cómo puedes solucionarlo. El acompañamiento no puede afectarte”, cuenta Juliana. “A veces toca parar las llamadas desde jurídica y comentarle a otra compañera. Lo más importante sobre todo es no transmitirle la angustia a la mujer que nos está llamando”, concluye Laura. Sin embargo, como los casos se reciben en un marco de confidencialidad, esto hace que no puedan hablar del tema con cualquier persona.

“No sirve de nada ayudar a alguien desde las entrañas, toca trabajar también con la cabeza fría. Poder actuar desde un lugar de calma, entender que podemos parar. Cuidarnos a nosotras significa cuidar a las mujeres”.

Saben que desde la Red pueden decidir parar en cualquier momento si se sienten abrumadas, pero las dos coinciden en que lo más importante es tener claro el objetivo y los límites de su trabajo. “No vamos a salvar a las mujeres, las vamos a acompañar. Eso es muy interesante porque el acompañamiento depende de las mujeres: qué quieren, es libre e informado. Ser razonables con las expectativas nos cuida un montón. Nos permite hacer lo que nos propusimos desde un principio: acompañamiento jurídico y psicosocial de primeros auxilios”, explica Juliana. 

En los casos más complejos, acuden a organizaciones defensoras de población migrante, otras organizaciones jurídicas o sicológicas. Aunque las estrategias personales y colectivas de autocuidado no están formalizadas por protocolo en la Red Solidaria de Mujeres, existen. “No sirve de nada ayudar a alguien desde las entrañas, toca trabajar también con la cabeza fría. Poder actuar desde un lugar de calma, entender que podemos parar. Cuidarnos a nosotras significa cuidar a las mujeres”.

Claudia* trabaja en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, una de las instituciones centrales del Acuerdo de Paz.  Su función es construir el informe final de la verdad sobre el conflicto armado en el país. Por esta razón, la mayoría de las personas que trabajan allí tienen que enfrentarse a testimonios crudos y dolorosos: entrevistas a víctimas y victimarios, transcripción de esos testimonios y posterior análisis de esos relatos. 

Entre todo el proceso de analizar y recibir testimonios, Claudia ha tenido que enfrentarse a relatos que incluyen sobre todo violencia sexual. Aunque afirma que tiene experiencia desde hace varios años en enfrentarse y tratar este tipo de relatos, la pandemia quebró los mecanismos que había adquirido para mitigar los impactos en su salud mental y emocional. “La pandemia le dio un toque distinto, pues redujo los mecanismos de afrontamiento. Por ejemplo: después de un día largo y pesado, ya no se puede ir a conversar sobre esto con las amigas, tomándose unas polas”. 

Claudia empezó a soñar con lo que le pasaba a las víctimas y que ella misma era víctima de esas violencias. También empezó a sentir angustia de pensar en el qué hubiera pasado si ella hubiera estado ahí para ayudar a esas mujeres. “Me indigno, peleo conmigo misma, pero luego me doy cuenta de que son cosas pasadas. Pero se maneja una indignación muy grande”.

Ante estos síntomas de afectación, la Comisión puso a su disposición compañeras del equipo psicosocial que le dieron tips para hacer  su trabajo sin comprometer su estabilidad emocional, por ejemplo: tener los días de descanso claros y delimitados, no hacer entrevistas ni escucharlas en la noche o antes de dormir, tampoco trabajar con esos testimonios en las horas de la comida y respetar sus horarios de alimentación. Si los testimonios son muy complejos o muy fuertes no debe procesarlos sola, sino con apoyo de otrxs compañerxs de la Comisión. Sin embargo, al igual que en la Red Solidaria de Mujeres, la confidencialidad de muchos testimonios hace que hablar de ello sea más difícil. 

Claudia vive sola en Bogotá y asumió casi cinco meses de teletrabajo sola en su casa. A raíz de los impactos que le empezó a generar la carga emocional de su trabajo, decidió viajar a otra ciudad del país para estar acompañada por su familia. Eso la ha hecho sentir mejor y acompañada. La Comisión de la Verdad tiene un equipo de 15 personas dedicadas al trabajo psicosocial de todos los departamentos de la entidad.

Carolina León es psicóloga y trabaja por y para las mujeres desde hace diez años también. Pertenece a SanAcción desde febrero de 2019, un colectivo creado por Kellyn Duarte en mayo de 2018.  “Ella (Kellyn) creó SanAcción en un momento en el que estaba trabajando en instituciones, atendiendo mujeres víctimas de violencia también como psicóloga y hubo un momento de desborde emocional en el que ya no pudo… tuvo síntomas del síndrome de burnout, que es el desgaste laboral. Ante eso, ella empieza a crear y a trazar un camino distinto que permitiera la sanación colectiva de las mujeres”. 

Junto a otras mujeres hacen un acompañamiento psicosocial con enfoque feminista a mujeres víctimas de violencia y mujeres en general. Sin embargo, la mayoría de casos que reciben pertenecen a mujeres que están enfrentando situaciones de violencias basadas en género y que están intentando salir. . Carolina resalta que no solo le apuntan a la atención psicosocial de casos individuales, sino a la atención familiar y grupal con la misma perspectiva feminista y de género. “Atendemos también hombres que estén dentro de las diversidades sexuales, en su mayoría… No atendemos a todos los hombres, entendiendo que el acceso a la salud mental de las mujeres ha sido un derecho que históricamente se ha negado”. 

Desde SanAcción también apoyan la formación de profesionales que atienden a poblaciones vulnerables: trabajadorxs sociales, comunicadorxs sociales y otrxs sicólogxs, que muchas veces no tienen las herramientas pragmáticas para trabajar con personas que han sido víctimas de distintas violencias. Otra línea de acción dentro del colectivo es el autocuidado. Carolina recuerda que el primer conversatorio que organizaron sobre este tema en 2019 fue todo un éxito. “Para sorpresa, un día de partido de la Selección Colombia, (…)a las cuatro de la tarde un viernes, llegaron más de 150 personas. Se llenó el auditorio. Con esto nos dimos cuenta que el tema del autocuidado para los profesionales que trabajamos con estos temas es algo que concierne”. 

Para ellas el autocuidado es la acción política del cuidado de su salud mental, algo prioritario para el colectivo. Como todavía no son una organización, siguen en el proceso de diseñar un protocolo de cuidado establecido. Sin embargo, hay premisas claras: “En el marco del respeto al tiempo de las demás. No excedernos. El autocuidado tiene que ver con la empatía por la otra: respeto por las diferencias y por esas diversidades que existen dentro de la misma colectiva que para mí ya es una práctica de autocuidado”.

Cada dos meses SanAcción abre un espacio donde hablan desde la comunicación afectiva, y expresan sus sentires. “Nos pasa mucho a las profesionales que trabajamos con mujeres o con población vulnerable y es que nos da el síndrome de la superheroína: creemos que podemos todo. (…) Está bien reconocer nuestras vulnerabilidades y esa es una práctica de autocuidado. Si estoy pasando por un duelo, no puedo recibir casos de duelo en este momento. Eso lo tenemos muy claro en SanAcción”.

Unos días antes de esta entrevista, Carolina y sus compañeras se dieron cuenta de que a veces no les queda tiempo de autocuidarse cómo quisieran y pidieron apoyo de otra colectiva, Ávatar: “Ellas son psicólogas también y nos apoyaron con un taller para nosotras de autocuidado y de cuidado colectivo, para saber cómo están nuestros niveles en esas prácticas. Queremos que el encuentro con Ávatar se haga cada semestre, es poco, pero es súper importante encontrarnos como equipo para ser cuidadas”.

Todas estas experiencias comparten varios puntos: las mujeres son conscientes de que deben cuidarse para cuidar, de paso, a las mujeres que acuden a ellas en busca de ayuda. Sin embargo, no siempre cumplen con con los consejos de autocuidado, muchas veces por falta de tiempo o porque no piden apoyo a organizaciones externas y aliadas y también porque sienten que si dejan de contestar o de atender, la ayuda no llega a tiempo y eso le puede costar la vida a la mujer que está al otro lado de la línea. El problema radica cuando estos factores permean todo el tiempo las prácticas de autocuidado y éstas terminan diluyéndose, dejando de ser una prioridad. Por lo anterior, si eres una mujer cuidadora, aquí te dejamos una guía que puedes implementar en tus días laborales o en tus voluntariados, con el objetivo de que el autocuidado no pase a un segundo plano en tu rutina.

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Guía Manifiesta de autocuidado para mujeres cuidadoras: 

  1. Trata de que tu liderazgo no sea heroico o sacrificial. No tienes que entregarlo todo bajo ninguna circunstancia.
  2. En ese sentido, si tienes que manejar un bajo perfil y bajar tu incidencia en algunos procesos, no te sientas culpable. 
  3. Acuerda espacios colectivos (presenciales o virtuales) con tus compañeras de trabajo: hablen de los impactos negativos de los casos que llevan, pero también de los aprendizajes que les han dejado.
  4. No tengas miedo de pedir ayuda o apoyo a tus compañeras de trabajo, muchas veces compartir la experiencia hace que la carga se aliviane.
  5. Sé consciente de los objetivos y los límites que tiene tu trabajo: ten claro hasta dónde puedes acompañar o ayudar y sobre todo déjaselo claro a las mujeres que acuden a ti o a tu colectiva u organización.
  6. Recuerda que no eres una súper heroína, eres una mujer que tiene su propia vida, tal vez otros trabajos y es normal que te sientas abrumada. No puedes con todo y está bien.
  7. Si no sabes por que te sientes abrumada, puedes implementar el reloj de autocuidado para identificar qué está desbalanceado: ubica en el reloj el tiempo en horas que le estás dedicando a: dormir, comer, tiempo libre, contactar o estar con la red de apoyo, trabajar, descansar, cuidar a otrxs y cuidar de ti misma. 
  8. Recuerda respetar las horas en las que te alimentas, no trabajes durante ese tiempo, ni lo interrumpas.
  9. Trata de no atender casos o de no procesar ni escuchar testimonios en las horas cercanas a tu horario de sueño. Es fundamental que descanses bien.
  10. Recuerda que si tú o tu colectiva necesitan ayuda o apoyo para cuidarse, no está mal pedir pedir la intervención de colectivas u organizaciones aliadas.
  11. No olvides que si te cuidas, estás cuidando a las mujeres que atiendes. Ellas más que nadie necesitan que estés completamente sana.
  12. Ten en cuenta que la resolución 2404 de 2019  del Ministerio de Trabajo obliga a todxs lxs empleadores públicos y privados a adoptar referentes técnicos mínimos para identificar, evaluar, monitorear e intervenir sobre los factores de riesgo psicosocial de todxs lxs trabajadorxs. La salud mental es un derecho que nadie, ni tu misma, puedes negarte.

La anterior guía la construimos también a partir de la ‘Caja de herramientas para cuidadoras: estrategias de autocuidado emocional’ hecha por Laura Castrillón y Angélica Castillo.

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*Los nombres de algunas fuentes fueron cambiados por petición de ellas.

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