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#28M en Siloé: un incendio por el que nadie responde

Por Angélica Bohórquez, Jhon Gamboa

Cuando se cumplió un mes de Paro nacional, Siloé fue noticia nacional por el incendio del Dollarcity en el sector, y el cuerpo que hallaron adentro. Pero Daniel Steven Sánchez no fue la única víctima mortal de las llamas esa noche. MANIFIESTA presenta en exclusiva el caso de otro cuerpo incinerado que no registraron los medios de comunicación, y que hace parte de la lista mortal de víctimas que dejó el Paro Nacional en esta comuna. Todas las fotos por Mariana Reina.

agosto 20, 2021

*Esta es la segunda parte de nuestro especial ‘Noches de caos en Siloé, un ejercicio de memoria en el que reconstruimos los momentos críticos del Paro Nacional en esta zona olvidada y temida por Cali, a partir de voces inéditas que denuncian crímenes de Estado, brutalidad policial, recrudecimiento de la criminalidad y la zozobra diaria de vivir bajo amenaza. Este especial fue realizado por Angélica Bohórquez y Jhon Gamboa Mayor, todas las fotos son de Mariana Reina y la edición de Nathalia Guerrero Duque. Encuentra la primera parte aquí y espera muy pronto la tercera parte.

El 28 de mayo a las diez de la noche, una columna de humo de cientos de metros se alzaba sobre la parte plana de Siloé. Luego de una nueva jornada de Paro Nacional, los habitantes de la loma contemplaban las llamas a lo lejos y grababan con sus celulares. Un incendio consumía el Dollarcity desde hacía dos horas, ubicado a menos de 130 metros de la glorieta.

A las once, Santiago decidió salir de su casa en moto y recorrer la cuadra que lo separa de la Estación de Bomberos de Siloé para pedir ayuda. “Necesitábamos apagar eso porque al lado está la bomba de gasolina. Yo fui adelante en la moto y los bomberos en el carro detrás. Salí con ellos para que tuvieran garantías”. Antes del incendio iniciaron los saqueos en el almacén y los comercios cercanos.

Video del incendio en el Dollarcity desde la parte alta de Siloé.

Desde las cuatro y media de esa tarde se escuchaban disparos en la zona de la glorieta, por enfrentamientos entre las primeras líneas y el ESMAD. Otra madrugada demencial se cernía sobre la comuna 20.

Según testigos de esa noche, los bomberos intervinieron con dos máquinas extintoras y una ambulancia, desde las once hasta las cinco de la madrugada. Santiago, exhausto, regresó a su casa a las tres. No supo que cuando las llamas menguaron, un cuerpo contraído por el fuego fue encontrado al interior del almacén. Era Daniel Steven Sánchez, de 16 años. Santiago no era el único desconcertado con la noticia. El incendio del Dollarcity se convirtió en uno de los casos más escabrosos reportados durante el Paro Nacional. 

Las primeras imágenes del almacén reducido a paredes quemadas y del cuerpo de Daniel se difundieron al día siguiente en redes sociales. Durante ese día, medios regionales cubrieron la noticia con las versiones que entregó la Policía Metropolitana de Cali, enfocada en saqueos y actos vandálicos. Testigos y familiares de la víctima hablaban de un posible caso de brutalidad policial que terminó en esa terrible imagen: la de un cadáver vestido con jean y tenis blancos, rígido y calcinado.

La misma imagen se repitió esa noche, aunque su hallazgo no resonó de igual manera en redes. El Boletín número 149 de la Policía Metropolitana de Cali, del 30 de mayo, registró otro cuerpo encontrado la mañana del 29. Era Didier Andrés Quintero, de 17 años. Su cuerpo apareció en el barrio La Playa, a un kilómetro del Dollarcity. Tenía heridas de arma de fuego. No hubo una, sino dos víctimas calcinadas esa noche. ¿Qué ocurrió con Didier, con Daniel y con el resto de víctimas de otra noche mortal en esta comuna?

MANIFIESTA presenta la segunda parte del especial “Noches de caos en Siloé”, en la que reconstruimos los sucesos de esa noche en la comuna con relatos de testigos presenciales, y presentamos el caso de Didier, que hasta el momento no ha sido registrado en ningún medio de comunicación. Tres meses después de la tragedia, contrastamos versiones oficiales difundidas sobre esa jornada y exponemos lo que se conoce sobre la arremetida previa de la fuerza pública, la cronología del incendio y la tensa situación que se vive en el sector luego de los hallazgos de esa noche.

Hermana de Daniel Steven dando declaraciones a medios.

Siloé se cubrió de ceniza

En Siloé no hubo tregua desde el 3 de mayo. Las semanas posteriores, en el barrio se establecieron de manera permanente dos puntos de resistencia en la glorieta y La Nave. A su alrededor se organizaron seis primeras líneas. Cada una tenía un nombre: P1 estaba sobre la avenida Circunvalar; P2 sobre la carrera 52; P3 también sobre la Circunvalar, esta vez cerca al centro de salud; P4 sobre la carrera 50; P5 y P6 en La Nave. Cada una estaba compuesta por entre 5 y 25 muchaches.

Distribución de primeras líneas en las zonas de bloqueos en Siloé.

Vigilaban que ningún carro o moto pasara por encima de las rocas, palos, restos de basura y trapos que  ponían para cerrar el paso. El 28 de mayo el Paro cumplió un mes y todes les integrantes de primeras líneas de Siloé decidieron acompañar la marcha multitudinaria que salió de Cosmocentro y llegó hasta el sur de Cali, al punto de Uniresistencia. La glorieta quedó prácticamente desierta. Cuando regresaron, a las cuatro y media, la Policía los estaba esperando.

“Nosotros veníamos de la marcha, tranquilos caminando, y los policías nos recibieron a plomo”, cuenta Héctor* quien, poco después de marchar el #28A, decidió hacer parte de las primeras líneas de Siloé. “Ellos estaban con una tanqueta esperándonos y nosotros llegamos por la Circunvalar. Cuando llegamos ahí, también fue una masacre ese día”.

“Más que todo me metí en eso porque uno de joven quiere tener oportunidades en la vida”. Como habitante de la comuna 20 había vivido el incumplimiento del gobierno ante las demandas de su comunidad, una de las más vulnerables del país, con un índice de pobreza del 23%. A Héctor le preocupaba, en especial, la situación de los adultos mayores, y sentía que debía colaborar. “Yo siempre llegaba al punto a las ocho de la mañana. Hasta la tres de la mañana. Prácticamente me la pasaba en la primera línea”, agrega. 

Pese a amenazas del Esmad y la Policía, las primeras líneas alcanzaron a llegar al barrio bordeando la glorieta por el extremo más cercano a la avenida Circunvalar. Allí funcionan algunos negocios y se estacionaban carros que servían de transporte informal antes del paro. “Cuando menos pensamos ¡pum, pum, pum!, todo el mundo corriendo”. De nuevo: grupos de personas asustadas huyendo de la glorieta para refugiarse del fuego cruzado. Eran cerca de las seis de la tarde. 

***

“A las once, unos de los muchachos bajaron y me ayudaron a abrir una parte del sector que estaba bloqueada con escombros. Hicieron cierto espacio, entré hasta la estación de los bomberos en mi moto y salí con ellos hacia el Dollarcity”, cuenta Santiago.

El caos en los alrededores de la glorieta era tal, que muchas personas aprovecharon para saquear la sucursal del Herpo, una empresa caleña de ropa, ubicada diagonal al Dollarcity. Mientras continuaban los enfrentamientos entre las primeras líneas y la Policía, y los bomberos apagaban el incendio, Santiago cruzó la calle en su moto y se paró frente a los negocios cercanos para disuadir a la turba de ingresar a la fuerza. Al rato llegaron los comerciantes a respaldarlo.
 
La labor de los bomberos esa noche fue ardua. “Ellos lo terminaron de apagar después de las tres, que fue cuando yo me entré, porque vi que ellos iban a entrarse también. Y al otro día, como a las seis o siete de la mañana, la gente encontró al peladito allá adentro”. Daniel vivía en la parte alta de Siloé con su mamá y sus hermanos. La tarde del 28 volvía de trabajar como hacía desde los 13, cuando trabajaba en un taller de soldadura del barrio La Estrella. Por eso lo conocían en la comuna. Según su familia, nunca participó de las manifestaciones en Siloé ni en otros sectores porque le parecía peligroso.

Versiones encontradas

Glorieta de Siloé, barrio Belisario Caicedo, Dollarcity y estación de Bomberos.

El 31 de mayo, tres días después del incendio en el Dollarcity, el Comandante de la Policía Metropolitana de Cali, Juan Carlos León Montes, se pronunció en un comunicado de prensa sobre lo sucedido:  “El almacén es vandalizado. Entran varios sujetos y se roban varios elementos que hay allí y a la vez prenden fuego al local. Al otro día, el Cuerpo de Bomberos, que no pudo acceder esa misma noche sino hasta altas horas de la madrugada a apagar el fuego, encontró el cuerpo sin vida de un muchacho de 16 años”. 

Según el mismo comunicado, la razón por la cual los bomberos no lograron acceder a tiempo fueron los bloqueos viales de las primeras líneas. Sin embargo Marco Gómez, coordinador del centro de operaciones de los Bomberos de Cali le contó a MANIFIESTA algo diferente. “La primera línea estuvo muy segura del trabajo de los bomberos, dio el paso a los carros y las ambulancias (...) se portó muy bien con nosotros, hubo paso, correspondencia”. Los bomberos, cuenta Gómez, llegaron a las once de la noche a controlar la emergencia. Se retiraron a las cinco de la mañana siguiente y durante ese tiempo encontraron un cuerpo dentro del almacén.

Video de bomberos apagando el incendio del Dollarcity.

El cuatro de junio, la Policía Metropolitana de Cali reveló el dictamen de Medicina Legal sobre el caso de Daniel. Según el informe, el cuerpo no presentaba heridas por arma de fuego y la muerte se produjo por asfixia con la inhalación de humo. Sin embargo, tres testigos presenciales que nos dieron su testimonio sobre esa noche afirman algo que contrasta con este dictamen: que Daniel fue ultrajado por la fuerza pública y presuntamente metido a la tanqueta del ESMAD. 

El comandante de policía MECAL sostuvo en ese mismo comunicado de prensa que la versión sobre el cuerpo ingresado a la tanqueta “no es cierta teniendo en cuenta que el rodante no fue movilizado”. Un día antes del #28M, Jorge Iván Ospina había anunciado que el Esmad no haría presencia en las calles de Cali durante las manifestaciones del día siguiente para evitar riesgos de exceso de fuerza. 

Sin embargo, todas las fuentes que consultamos aseguran que el Esmad y la tanqueta sí estuvieron ese día en Siloé. Estas afirman que la tanqueta no sólo salió de la estación de El Lido, donde estaba guardada desde el 3 de mayo, sino que llegó hasta el interior del barrio Belisario Caicedo. Una transmisión en vivo de esa tarde respalda dicha afirmación.

Evidencia de que la tanqueta estuvo presente ese día en las calles de Siloé.

Según Diana Castrillón, directora del hospital de Siloé, el cuerpo sin vida de Daniel Sánchez llegó al centro de salud la mañana del 29, pero el procedimiento obligaba a esperar al CTI para que lo examinara e iniciara la investigación. Es por esto que el único reporte oficial con el que se cuenta es el de Medicina Legal, que fue entregado a las autoridades. Según Santiago, la familia de Daniel no ha recibido el dictamen aún. Esta versión, más un posible escenario de violencia policial ejercida contra el joven, no pudo ser corroborado por MANIFIESTA: la familia de Daniel recibió amenazas de muerte tras hacer público su caso. 

Aunque desde el 25 de junio hemos tratado de obtener respuesta del Secretario de Seguridad de Cali, Carlos Javier Soler Parra, para conocer su versión de los hechos, hasta la publicación de este texto fue imposible contactarlo o que respondiera el cuestionario enviado al área de comunicaciones de dicha Secretaría. De igual forma, ante nuestros pedidos de información, la Policía Metropolitana de Cali se limitó a responder con boletines que recopilan los resultados operativos y hechos ocurridos los días 28 y 29 de mayo.

El misterio de la tanqueta

“Esto puede encerrar corrupción policial, grupos que no sabemos quiénes son… A la final no sabemos quién mató a Daniel, no sabemos quién mató a Didier ni por qué apareció en otro lugar. El cuerpo de Didier tenía seis o siete impactos de bala”, afirma una fuente anónima que estuvo en la glorieta de Siloé desde la mañana hasta entrada la noche y es testigo del caso ante la Fiscalía. Hay muy poca información sobre este caso. “Él lo que hacía era responder por sus abuelos. No hemos podido conectar a Didier con todo lo demás porque apareció sin zapatos, con siete impactos de bala, lejos del lugar de los hechos”.

Por otro lado, el testigo principal del caso, que ha evitado dar declaraciones en los medios por seguridad, afirma que Daniel ingresó al Dollarcity cuando le estaban prendiendo fuego porque vio a una persona conocida dentro. El incendio inició minutos después y el testigo, que siguió a Daniel, lo perdió de vista en medio del caos. Según fuentes de la comunidad, en el Dollarcity había de 25 a 50 personas, algunas terminando de saquear el almacén. El testigo logró salir con quemaduras en orejas, brazos y manos. 

Y aunque la versión de que un cuerpo herido fue ingresado a la tanqueta del ESMAD se repite en varios de los testimonios, queda el interrogante sobre quién era. El testigo principal afirma que Daniel nunca salió del establecimiento en llamas. 

El 28 de mayo, además de Daniel y Didier, se registró el asesinato de Michael Andrés Aranda, de 24 años, víctima de un disparo de fusil. Michael hizo parte de la marcha que llegó a Uniresistencia y regresó a Siloé con el grupo de manifestantes. Su cuerpo cayó pasadas las cinco y media, en inmediaciones de la panadería La Sorpresa. Lo llevaron a la brigada médica instalada en el barrio Belisario. De ahí lo trasladaron en ambulancia al Hospital Universitario del Valle por la gravedad de la herida en su abdomen.

Ajuste de cuentas

Según el testimonio de una persona que lideró las primeras líneas de la glorieta, luego de tres días del incendio un empleado de alto rango del Dollarcity fue hasta allá. “Nosotros dijimos que ahí ya no iba a haber nada, que no nos íbamos a prestar para lo mismo que pasó en el Éxito de Calipso. Los muchachos empezaron a tumbar esas rejas porque decían que si dejaban esas rejas ahí, por ahí entraban y empezaban a tirar cuerpos allá”, cuenta. Quitaron las rejas para tener más visibilidad adentro. “Pero llegó el supervisor y dijo que tumbaran eso, que se llevaran toda la chatarra. Que se llevaran todo”. 

A mediados de junio, en una nueva visita a la zona, intentamos acercarnos a lo que todavía quedaba en pie del Dollarcity: tres paredes cubiertas de ceniza, sin techos. Al sacar la cámara, un joven integrante de la primera línea de ese punto nos dijo con voz alterada: “Guarden la cámara, no se pueden tomar fotos. Ustedes van a decir que estamos vandalizando y aquí se está haciendo un trabajo. El supervisor no deja que tomen fotos”. 

“Hay otra situación más compleja y es que frente al caso del Dollarcity están vinculando a tres menores de edad”, cuenta Luis Miguel Caviedes, pastor de la Iglesia Colombiana Metodista y líder del sector, quien ha documentado violaciones de DDHH en Siloé desde el inicio del Paro. “Esos tres menores no tienen nada que ver en el caso. Los vinculan por el saqueo, pero ellos estaban en otro lugar a la hora de los hechos…El abogado tiene las pruebas”, que son videos de los jóvenes desde una cámara en un café internet. 

“Hay algo que se está tratando de que no salga a la luz en todo este caso del Dollarcity. No sabemos quién opera detrás. Hipótesis hay muchas. Pero cualquier persona que se levante frente a estos hechos empieza a ser señalada, como la familia de Daniel”.

A tres meses del incendio, no ha habido comunicados de la Fiscalía sobre el estado de la investigación. Mientras tanto, el miedo de jóvenes y líderes a convertirse, de repente, en desplazados o falsos positivos judiciales, impera en Siloé. Antes de levantar los bloqueos en la comuna, el fragor de la violencia frontal se transformó en una amenaza difusa: una especie de guerra fría que, hasta el día de hoy, está obligando a muchas familias y testigos de esas noches a vivir con la guardia en alto y la paranoia en sus máximos picos.

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