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Red de prostitución y explotación sexual de mujeres colombianas en España es desarticulada


En mayo y junio al menos 42 mujeres fueron víctimas de feminicidio en Colombia

Por Manifiesta Media

En #LibresNoMuertas, el conteo de feminicidios mensual que hacemos junto a 070, registramos al menos 42 feminicidios en 19 departamentos durante mayo y junio. Tibú, en Norte de Santander, sigue siendo una de las zonas que más registra casos, debido a la situación sin precedentes de violencia feminicida que siguen viviendo las mujeres y niñas. ¿Qué está pasando allí y por qué cobra la vida de tantas tibugueñas?

julio 19, 2021

Desde abril se prendieron las alarmas para las mujeres de Tibú, en Norte de Santander. La zona del Catatumbo, una de las más afectadas por el conflicto armado en Colombia, cobró protagonismo por una forma de violencia nueva en el territorio: cuerpos de mujeres empezaron a aparecer en sus calles y campos. El tres de mayo, iniciando el mes, los medios de comunicación locales anunciaban el temor que recorría el municipio por los feminicidios que habían tenido lugar en Tibú por esos días.

Mayo y junio continuaron siendo meses muy violentos para la vida de las mujeres. En nuestro conteo mensual de feminicidios, que construimos cada mes con nuestrxs aliados de 070, registramos que un poco menos de la mitad de los casos (20) correspondieron a feminicidios íntimos y sexuales. Estos cometidos en su mayoría por hombres cercanos a las víctimas. No obstante, durante estos meses hemos visto que varias mujeres han sido asesinadas por hombres armados y con armas de fuego. En total contamos al menos 10 feminicidios con estas características. Las mujeres de los departamentos de Norte de Santander (5 casos), Antioquia (1 caso), Tolima (1 caso), Cauca (1 caso), Cesar (1 caso) y Valle del Cauca (1 caso) han sido las más afectadas.

Jennifer Gutiérrez, Ana Julia Calderón Santos y Liliana Rincón Ramos fueron asesinadas por hombres armados entre el primero y el cinco de mayo. Las autoridades pudieron establecer que una de ellas era de nacionalidad venezolana. Unos días después, el 13 de mayo, se hicieron públicos tres videos que empezaron a circular en WhatsApp. Las protagonistas eran residentes de Tibú, municipio de Norte de Santander. Varias eran mujeres migrantes. En los videos las insultaban y acusaban a varias de sostener relaciones sentimentales con policías o militares.

Tanto Jennifer, de 25 años, como Liliana de 39 aparecían en el video. Ambas fueron asesinadas. Las tibugueñas vieron entonces los videos como una amenaza de muerte. Al momento de la publicación del video, 20 mujeres habían sido amenazadas y con el paso de las semanas más mujeres fueron víctimas de feminicidio. 

Hay algo excepcional y macabro en estos feminicidios que continúan en aumento en Tibú, algo que probablemente está respondiendo al contexto social del país. A diferencia de otros registros en otros territorios, estas mujeres no fueron víctimas de feminicidio íntimo. Es decir, no estaban siendo asesinadas por sus parejas o exparejas sentimentales, sino por hombres armados con quienes, al parecer, no tenían ninguna relación o eran desconocidos para ellas. 

¿Qué está sucediendo en Tibú y por qué la vida de las mujeres tibugueñas está en la mitad de esto?

Luego, el pasado nueve de junio, la fiscal Esperanza Navas fue asesinada por hombres armados en su casa, ubicada en el centro de Tibú, a una cuadra de la sede de la Fiscalía. La información que tienen varias organizaciones defensoras de Derechos Humanos es que la fiscal estaba al frente de las investigaciones de la ola de feminicidios en el municipio. Solo hasta ese momento, la Fiscalía General de la Nación se pronunció sobre la situación en la zona. El fiscal Barbosa anunció la llegada de una comisión de investigadores a Tibú para dar con los responsables, pero no se refirió a los demás casos. 

Tibú, que junto a nueve municipios más conforma la subregión del Catatumbo, ha sido una de las zonas más impactadas por el conflicto armado en Colombia y en la actualidad el recrudecimiento de la violencia sigue siendo una constante. En noviembre de 2019, la Policía Nacional anunció que tanto el Cartel de Sinaloa como el Cartel de Jalisco controlaban el 80 por ciento de la coca de la zona del Catatumbo. Además de los carteles mexicanos, en la zona hacen presencia las guerrillas del ELN, el EPL y disidencias de las extintas FARC.

Más recientemente, el presunto atentado contra el presidente y parte del gabinete mientras se movilizaban en un helicóptero ocurrió sobre el municipio de Sardinata, uno de los municipios del Catatumbo, a 107 kilómetros del Catatumbo.

Para entender qué pasa con las mujeres y las niñas en la zona del Catatumbo y analizar el contexto en el que se dieron al menos 13 feminicidios en pocos meses en el municipio de Tibú, en esta entrega de #LibresNoMuertas conversamos con Alejandra Vera, abogada y enfermera, feminista y abolicionista cucuteña, también defensora de los Derechos Humanos de las mujeres en Norte de Santander y directora de la Corporación Mujer denuncia y muévete. Una organización que busca respaldar a todas las mujeres de Norte de Santander y brindarles atención en educación y protección de los derechos de las mujeres en la región. 

Registramos en Tibú por lo menos 13 casos de mujeres asesinadas. Antes de los crímenes, se publicaron unos videos amenazantes con rostros de mujeres de la zona. ¿Cómo se conectan estos videos con los feminicidios y cuál es su lectura de este hostigamiento a las mujeres tibugueñas?

Estos videos empezaron a salir porque el machismo y el patriarcado nos reina. Pero en Tibú lo que pasa es que no hay institucionalidad. Allá una mujer va al hospital o a la comisaría o pregunta porque quiere conocer sus derechos y lo que les dicen es que se aguanten, que se lo están buscando (...) A las mujeres migrantes las están estigmatizando mucho. Algunas personas creen que ellas están invadiendo el territorio y no comprenden que son mujeres vulneradas, empobrecidas, que buscan alimentar a sus hijos y lo único que encuentran son hombres que se aprovechan y las explotan y las esclavizan.  

En Tibú todo está atravesado por el narcotráfico. La mujer se vuelve una herramienta para que los hombres cometan todos sus delitos. Además, la Policía sacó un video donde decía que las mujeres que estaban siendo asesinadas era por un ajuste de cuentas. La institucionalidad está negando la violencia contra las mujeres, la explotación y están haciendo análisis errados. (...) En este momento van 54 mujeres amenazadas. Me cuentan mujeres de Tibú que a diario matan a dos o tres mujeres. Ni la Policía ni Medicina Legal las recogen, sino que la misma población venezolana las tiran a los ríos o las pasan a la frontera para que alguien recojan los cuerpos. 

¿Podemos hablar de que la situación en Tibú obedece a esa dinámica de las mujeres siendo botín de guerra en un territorio con varios actores armados como el Catatumbo? 

Hay que entender el contexto fronterizo del territorio nortesantandereano: grupos ilegales organizados, grupos armados, que están en la zona urbana y en la zona rural, hay conflicto civil latente. Sin embargo, hay un fenómeno en particular relacionado con la migración que es el de la explotación y prostitución de los cuerpos de las mujeres. En el territorio hay una triada: la prostitución, el conflicto armado y el narcotráfico. No pueden vivir el uno sin el otro. 

Acá lo grave es cómo los gobiernos locales y la institucionalidad se niegan a entender la gravedad de lo que está pasando con las mujeres y las niñas. La violencia sexual es la base de las amenazas a las mujeres. Eso escala hasta el feminicidio. Las mujeres están viviendo la trata municipalmente, pero vienen los captadores de Cúcuta. Ellos tienen muy claro el perfil de las mujeres a raptar: mujeres, niñas, racializadas, en pobreza extrema y madres cabeza de familia. 

Entonces, los captadores llegan acompañados por grupos armados ilegales de la zona y las llevan a Tibú. Les dicen que van a ganar bien, que hay trabajo y que van a poder alimentar a sus hijos. Las mujeres no tienen opciones y no lo piensan. (...) Así, lo que encuentran es una puerta grandísima, pero para que su cuerpo sea comercializado y se vuelvan esclavas. 

La gran mayoría de estas mujeres han sido asesinadas por hombres armados desconocidos,  algo inédito para una forma de violencia donde el victimario casi siempre es una pareja o ex pareja. Es difícil apuntar a responsables pero ¿Se tienen indicios iniciales de quiénes podrían estar detrás de esto? ¿Son varios actores? 

Tibú es un territorio donde los que manejan todo son grupos ilegales o armados. Eso lo sabe todo el mundo. Está el cártel de Sinaloa, pero ellos no funcionan solos. Necesitan un grupo armado para que los proteja. Sin embargo, hay otros grupos armados que están con otros narcotraficantes de acá del sector. Entonces, hay disputas entre ellos. 

A nosotras nos llegan casos de mujeres donde nos dicen que están en peligro y cuando uno hace el análisis, todo se conecta en la triada que ya comenté: explotación sexual, conflicto armado y narcotráfico. Luego, ¿por qué la Policía dice que era un ajuste de cuentas? En Tibú, de una u otra manera, todas las personas están conectadas con la ilegalidad, pero las mujeres son las que están viviendo la parte más violenta de la ilegalidad (...).

Sabemos que entre las víctimas hay varias mujeres migrantes, ¿qué vulnerabilidades sufren las mujeres que vienen de Venezuela en esta región?, ¿se puede hablar de xenofobia por parte de los victimarios?

(...) No es que haya xenofobia, es que para los hombres el hecho de que seamos mujeres indica que estamos en el grupo de las buenas o de las malas. Ellos nos leen como objetos sexualizados. ¿Qué pasa? La prostitución históricamente ha sido el privilegio de los hombres. (...) En contextos de frontera, los captadores saben el perfil de las mujeres que pueden esclavizar. Ellos se van para las trochas, para las entradas del país a buscar mujeres de frontera, con hijos, que están pidiendo comida muchas veces en la calle, que no tienen un techo, empobrecidas, sin oportunidades laborales. 

El Estado colombiano se tiene que meter para proteger a estas mujeres. Cuando hablas con ellas, te das cuenta de que las mujeres no quieren estar prostituidas, pero se quedan porque no tienen más opciones. El mayor temor de las mujeres es que el hombre se las lleve, les robe y no vuelvan. Lo que más temen es que no puedan llevarle pan a sus hijos. ¿Es eso justo con las mujeres?, ¿esa es la vida que las mujeres se merecen?, ¿eso es un trabajo digno?

Hace unas semanas asesinaron a la fiscal Esperanza Navas y hasta su asesinato la Fiscalía se pronunció sobre la situación en Tibú. ¿Ha habido un antes y un después del asesinato de la Fiscal? ¿Qué relación estaba teniendo ella con los casos?

La información que tenemos es que ella estaba directamente al frente de los casos de feminicidio. Hay todo un contexto de grupos ilegales y narcotráfico. Ellos pensaron que la visibilidad de esto no iba a ser grande. Siempre que el sistema quiere adormecer la sociedad monta feminicidios o violaciones, es todo mediático pero nunca pasa nada porque hay impunidad e injusticia. Entonces de pronto le pusieron toda la lupa a este caso para evadir otras conversaciones, como parte de un show mediático. Esa es una hipótesis. 

(...) Su asesinato es un mensaje que nos mandan a todas las lideresas y a todas las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres: Se callan o las callamos. Es que no se ha puesto el foco sobre el problema real que es la explotación sexual. Las autoridades no proponen sanciones reales para los casos de mujeres asesinadas o desaparecidas. 

¿Qué consecuencias ha traído esta ola de feminicidios en la vida de las mujeres y niñas de la región?

Las violencias contra las mujeres han existido hace muchos años en el Catatumbo, pero últimamente se han visibilizado porque las mujeres lo han puesto en conocimiento. Están cansadas de tantas muertas, de tanta violencia. (...) Y el problema es culpa del Estado colombiano. Es la institucionalidad la que tiene que hacer las cosas, la que tiene que garantizar que las mujeres estén libres de violencia. El Estado no puede salir a decir que es culpa de los malos y que ahí no hay nada que hacer porque los grupos armados son así. Esa no puede ser la respuesta para las mujeres y las niñas (...).

¿Cómo se traduce la complejidad de un territorio como Tibú y el Catatumbo en la vida de mujeres y niñas? 

Las mujeres siempre van a estar afectadas directamente porque son sexualizadas y ‘objetualizadas’. (...) Por ejemplo, ahorita hay una problemática inmensa: el concubinato servil. Ejemplo: un hombre mayor de 30 o 40 años se lleva a una niña de 12 o 14 años migrante, a la casa para “ofrecerle oportunidades” y que ella se vuelva la del servicio. Eso también está pasando con mujeres adultas. De esa manera las van vinculando a la trata, al narcotráfico, a la prostitución. Aquí es importante entender que una mujer que esté con un hombre solo para alimentar a los hijos o solo por ella tener un techo, es una mujer que está siendo explotada. Lo que hay sobre todo son matrimonios serviles con niñas. Son hombres que las esposas las dejan por tanta violencia y buscan niñas para agredirlas. 

¿Cómo ha sido la respuesta de las autoridades locales frente los feminicidios que han incrementado estos últimos meses?, ¿ha sido suficiente?

La respuesta es negativa y negacionista, no ha sido ni rápida ni efectiva. El Estado no responde por nada. En el primer momento en que pasó, ahí sí no entiendo por qué no despliegan como en las manifestaciones. Lo que una espera es que desplieguen Esmad, Ejército, Policía por todo Tibú. Además, todas las mujeres que han puesto en conocimiento la situación debieron tener un policía en la casa para que las protegiera. Ese es el peligro que se está viviendo allá. 

En la Comisaría de Familia de Tibú hay un montón de mujeres con riesgo de feminicidio, pero ningún proceso está activo. Las mujeres nos dicen que nos les reciben las denuncias, que no las quieren atender, que no les quieren dar información. Las víctimas son obligadas a huir del territorio y de sus agresores porque no las protegen. ¿A cuántas más tienen que asesinar para que el Estado funcione? Eso es aterrador. El Estado se burla de las mujeres en sus caras cuando les irrespetan la vida. 

¿Hay posibilidad de hablar del peligro que corren las mujeres en la comunidad?

Claro, todo el tiempo se está hablando. Las organizaciones feministas y de mujeres del territorio que están organizadas desde allá, que han recibido asesoría por parte de nosotras han estado hablando de eso. En estos días se ha hecho un fortalecimiento con las mujeres en Tibú. Ellas se reunieron para conversar, para saber qué podían hacer frente a la situación de violencias contra las mujeres, porque ahora somos nosotras mismas las que nos protegemos, ninguna otra institución lo hace. 

Pero entonces, ellas iban llegando a la casa de una lideresa y llegaron unos motorizados y dispararon. Tuvieron que salir. Los grupos armados no quieren que las mujeres se reúnan, que encuentren formas de hablar. Entonces, ¿qué hay que hacer?, ¿sacar a todas las mujeres de Tibú? o ¿esperar a que las maten a todas? Es gravísimo. 

¿Por qué siguen matando a las mujeres y niñas en Colombia?, ¿por qué las matan en Tibú y en Norte de Santander? 

Porque no hay acceso a salud, justicia, protección. No hay una institucionalidad para proteger la vida de las mujeres. La barrera número uno en Colombia es una institucionalidad que no es rápida ni eficaz. Segundo, la violencia sexual. La cultura de la violencia sexual y del feminicidio y la justicia machista. (...) Todo esto es peor en los territorios fronterizos. Colombia tiene lo mejor en tratados internacionales para proteger los derechos de las mujeres, pero cumpliendo esos tratados es el peor. No hay peor país para revictimizar que Colombia. La lectura en Norte de Santander es aterradora.

***

Realizado por Valeria Díaz, Natalia Arenas, Tatiana Peláez y Nathalia Guerrero. Ilustración por Megumi Cardona y Ana Sophia Ocampo. Recuerda seguir a MANIFIESTA en Instagram, Twitter y Facebook.

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