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Jugar, alentar y no desistir: mujeres apasionadas por el fútbol

Por Camila Carrillo

Patear 'la pecosa' no es la única forma en la que las mujeres participamos en el fútbol colombiano. Desde la Liga Femenina, que termina por estos días, pasando por clubes amateurs, dirección técnica, hinchadas y fútbol profesional, el espectro se amplía para nosotras. Y aunque hay un largo camino para recorrer en términos de equidad, existen mujeres en todos los frentes abriendo nuevas sendas para las que vienen.

septiembre 8, 2021

Este contenido, que resalta el papel de las mujeres colombianas por el fútbol desde muchos frentes, fue posible en alianza con Águila para apoyar a nuestras #ChicasAguila2021. Para conocer a fondo sus voces, no dejes de ver nuestros capítulos de INVICTAS por acá.

El 24 de junio de 2017 se vivió una imagen memorable en el estadio Nemesio Camacho el Campín en la ciudad de Bogotá. Se jugaba la vuelta de la primera final de nuestra Liga Femenina de fútbol. Las tribunas se iban llenando a medida que se acercaba el primer pitazo. Hombres, mujeres, niños y niñas se dividían la tribuna: un ambiente muy familiar que hace mucho no se presenciaba. 

Independiente Santa Fe enfrentaba al Atlético Huila. El juego de ida se había jugado casi un mes antes. En este, el equipo capitalino se trajo los tres puntos desde Neiva. Ese día brilló su capitana Leicy Santos, quién marcó el gol del empate, y la jugadora Lady Andrade con el gol de la victoria al minuto 90.

En la vuelta me encontraba yo, que como tantas personas esa noche, veía con asombro e ilusión un partido entre mujeres. No paraba de saltar y entonar cánticos de aliento. Sentía que mis pies no aterrizaban sobre la tierra por estar allí: una final de fútbol femenino que tiempo atrás ninguno de los presentes nos hubiéramos imaginado. 

Mientras la pólvora retumbaba sobre el estadio y las jugadoras salían a la cancha con la ovación de 33 mil hinchas,  yo solo pensaba en que mi sueño, alguna vez, fue estar ahí sobre la cancha: tener puestos unos guayos, tocar un balón, ser empujada por toda una hinchada. Un sueño que siempre fue difuso porque de pequeña no existía un camino claro en el fútbol femenino. Aún hoy, en 2021, el mundo del balompié sigue siendo un espacio de difícil acceso para nosotras.

De hecho, en Colombia se tuvo una noción del fútbol femenino hasta los años ochenta, mientras el masculino inició desde 1908. La División Aficionada del Fútbol Colombiano (Difutbol) fue la primera en organizar torneos con participación femenina en el año de 1991, según cuenta Lilia Rosero en su trabajo Trayectoria del fútbol femenino en Colombia

Esto impulsó no solo a las jugadoras, sino que gestó un ecosistema que incluía a directoras técnicas, árbitros, mujeres dirigentes, y creó espacios para que pudiéramos entrar a diferentes ámbitos del fútbol. Espacios que han venido creciendo con el paso del tiempo y que, con la aparición de la Liga Femenina en 2017, han mantenido viva la pasión de las mujeres por el fútbol en el país, desde diferentes frentes. Hoy, que ya llegamos a la final de nuestra Liga Femenina nuevamente, la sensación aún es incompleta: el fútbol de mujeres se mantiene vivo pero falta camino por andar para llegar a la equidad en este deporte.

En mi caso, nada me detuvo a seguir soñando. Nunca conseguí ser profesional, pero encontré en mi profesión una manera de hacer lo que amaba: de visibilizar y de dar voz. Encontré en mi tiempo libre la forma de jugar con otras mujeres, de participar en torneos y de nunca dejar la pasión por el fútbol.

Una liga llena de talento

No ha sido un camino fácil para las mujeres que amamos un deporte tradicionalmente visto como ‘solamente para hombres’ a lo largo de la historia. Basta con ver la brecha tan grande que existe entre las ligas de fútbol en el país. En el caso de la Liga Masculina, creada en 1948, se juega dos veces al año. En contraste, la Liga Femenina, fundada en 2017, es una incertidumbre cada año y solo tiene una duración de 2 meses aproximadamente. Esto hace que sea muy difícil vivir del fútbol profesional, pues sus contratos generalmente duran el tiempo que el equipo participe en la liga. Incluso hay jugadoras de algunos equipos que no cuentan con un contrato.

En Colombia, algunas futbolistas ganan más de 2 o 3 millones de pesos mensuales y otras un salario mínimo, incluso inferior.  A nivel global la situación no cambia mucho. Según una encuesta de Global Sports Salaries Survey, publicada en El Tiempo, el sueldo que ganaba Neymar en 2018, casi 44 millones de dólares, equivale a la suma del salario de 1.693 futbolistas de las ligas más importantes del mundo. 

La Liga Femenina en Colombia nació gracias al crecimiento futbolístico de la Selección Colombia Femenina. En 2010 y 2014 consiguieron ser subcampeonas de la Copa América Femenina y en 2015 obtuvieron la medalla de plata en los Juegos Panamericanos. A raíz de estos triunfos, las jugadoras comenzaron a exigirle una liga profesional a la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano, Dimayor. Así, Colombia se convirtió en el tercer país de Latinoamérica, después de Brasil y Chile, en obtenerla. 

El torneo se lanzó con la idea de una periodicidad semestral desde febrero de 2017. Sin embargo hasta el momento, solo se juega una vez al año. El principal problema que manifiesta la Dimayor para su continuidad y establecimiento es la falta de recursos económicos, sobre todo la falta de patrocinio. Así lo comentó en 2018 el entonces presidente de la Dimayor, Jorge Enrique Vélez en esta entrevista. Aún así, las jugadoras no pierden la esperanza de tener una liga estable y mantienen su nivel futbolístico día a día para poder seguir jugando el deporte que aman. 

En el caso de Sara Pulecio, este amor fue gracias a sus papás, que desde pequeña le pusieron en sus pies un balón de fútbol. Empezó a entrenar con hombres porque en ese entonces no encontró una escuela de fútbol donde se pudiera formar con mujeres. “Estaba persiguiendo un sueño que no sabía cuál era, porque no sabía si existían clubes femeninos”, asegura ella. Con el tiempo notó que podía hacer parte de la Selección Nacional Femenina. Esto la llevó a un club femenino aficionado, y después a la Selección Colombia y Selección Bogotá

Nacional en la Liga Femenina.

Un caso muy similar es el de Jackeline Fonseca, ex Selección Colombia. Desde pequeña también entrenó con hombres y solo se preparaba para poder estar en una Selección Bogotá nacional. En 2010, Jackeline hizo parte de la Selección Colombia, en donde fueron subcampeonas del campeonato suramericano que se jugó en la ciudad de Bucaramanga, al perder 0-2 contra Brasil.  Esto les dio paso al mundial de fútbol, donde quedaron en la cuarta posición. 

Tanto a Jackeline como a Sara, el fútbol les ha regalado momentos inolvidables. En el caso de la primera, no solo ha tenido la oportunidad de jugar profesionalmente, sino de conseguir cinco campeonatos nacionales y seis distritales con su equipo de la Universidad Sergio Arboleda y de jugar una final nacional en Santa Marta que ganaron por penales. Jackeline recuerda especialmente esta final. Erraron un penal que las hizo dudar de conseguir el título, pero la arquera Paula Villarraga, que ahora es guardameta del equipo América de Cali, tapó dos penales y les dio la agónica victoria, un momento que les marcó la vida para siempre. 

El panorama del campeonato femenino de este año no ha sido distinto al que se ha vivido desde 2017. La Liga Femenina inició el mes de julio y la vuelta de la final se jugará el 12 de septiembre. Sin embargo las jugadoras esperaban un campeonato más extenso. Uno de los principales problemas sigue siendo la falta de recursos y la limitación en el calendario por la Copa Libertadores Femenina, así lo afirmó el actual presidente de la Dimayor Fernando Jaramillo, en esta entrevista.

Por su parte, las jugadoras siguen exigiendo un campeonato estable, con garantías suficientes para vivir de ser profesional en este deporte.

Alentar desde las tribunas también es dejarlo todo en la cancha 

Explicar lo que se vive en un estadio quizá se quede corto. Hay que vivirlo para entenderlo en su totalidad, desde sus tribunas e hinchadas. Algunos de esos hinchas se ubican en zonas específicas del estadio y llevan símbolos del equipo: camisetas, bufandas, banderas e instrumentos para entonar cánticos de apoyo a su club. En Colombia y Latinoamérica estos grupos son conocidos como 'barras populares' y 'barras bravas'. Etas barras están constituidas generalmente por hombres, pero poco a poco las mujeres más apasionadas se han abierto su propio campo en estos espacios.

Ese es el caso de Érika Rodríguez, una hincha fiel del Independiente Santa Fe, cuyo amor por el fútbol nació en casa, gracias a ese papá o mamá que la llevaban de pequeña al estadio. Erika cuenta que cuando comenzó a asistir con frecuencia, era difícil pertenecer a una barra. “Tenías que ser la amiga del ‘capo’ de la barra o tenías que ser la novia de alguno de ellos para pertenecer a ese ambiente”, afirma. Pero cree que ahora hay más mujeres en las barras. Un ejemplo es que antes las mujeres no podían tocar ningún instrumento. Hoy ya hay varias mujeres que lo hacen.

Esto es un logro importante. Los instrumentos hacen parte de la identidad de las barras, pues con ellos arman una 'fiesta' en la tribuna y entonan sus cánticos de aliento a su equipo en cada partido. 

“Tenías que ser la amiga del ‘capo’ de la barra o tenías que ser la novia de alguno de ellos para pertenecer a ese ambiente”

Érika Rodríguez, hincha del Independiente Santa Fe.

Érika, dice nunca haber sentido rechazo por ser mujer y apoyar un equipo. Sin embargo, para Myriam Ordóñez, miembro del colectivo Fútbola, mujeres hinchas de Millonarios F.C, existen algunos ejercicios de violencia que nos invisibilizan. “La mujer era como una asistente al fútbol pero de segunda categoría”, afirma ella. 

Esta hincha fiel de Millonarios y perteneciente a barras bravas desde los 14 años, explica que siempre se ha 'satanizado' la presencia de la mujer en las barras y por eso, junto con otras compañeras, decidieron crear el colectivo Fútbola: Fútbol, mujeres, conciencia y sociedad, para transformar el rol de la mujer en este deporte y crear otro tipo de pensamiento en torno a nuestra participación en el fútbol. 

Según una investigación de la Universidad Autónoma de Manizales titulada 'El rol de la mujer: una perspectiva socio cultural en el fenómeno del fútbol', los hinchas hombres aceptan la presencia de nosotras las mujeres en las tribunas, pero al mismo tiempo consideran que ellas nunca podrán sentir como ellos la pasión por el fútbol. La pasión que sienten Myriam y Érika contradicen esto.  Ambas aseguran que no hay diferencia.

Colectivo Fútbola alentando en la tribuna.

Para Myriam esto es un estilo de vida, que la ha llevado a acompañar a su equipo “embajador” tanto en los partidos de la liga masculina como de la femenina. De hecho, recuerda con gran emoción el primer partido que el plantel femenino jugó por fuera de la ciudad. Myriam viajó a Cali con cuatro personas y eran las únicas detrás del banco alentando a las albiazules. “Aunque éramos una minoría ante un estadio inmenso fue muy emocionante”, cuenta.

El fútbol aficionado: otra forma de hacer rodar y amar la pecosa 

¿Alguna vez soñaron con ser jugadoras profesional de fútbol? Quizá muchas apasionadas por este deporte sí, pero decidieron volverlo un pasatiempo. La historia de Camila Melo ilustra a la perfección esos sueños que en algún momento cambian, pero que nunca dejan de existir. 

Camila soñó con ser profesional y lo logró. Jugó con la Selección Colombia sub-17 en el sudamericano de Chile en 2008, donde quedaron campeonas. Hizo proceso de ingreso con Santa Fe femenino, pasó por San Lorenzo de Paraguay y allí mismo, en 2015, llegó a Olimpia, el último equipo donde jugó. Camila abandonó su sueño porque el apoyo al fútbol femenino era muy poco y encontró su futuro preparándose para ser entrenadora. 

El fútbol amateur o fútbol aficionado es una base muy importante para formar futuras jugadoras y es lo que permite, en gran parte, llegar a un alto rendimiento cuando son profesionales. 

Según datos de la FIFA, más de 40 millones de mujeres juegan fútbol en el mundo. Se espera que para 2026 sean aproximadamente 60 millones. Sin embargo, la FIFA estima que de ese total, solo 13 millones de niñas y mujeres juegan profesionalmente. Los otros 27 millones de mujeres siguen practicando este deporte de forma aficionada. 

Existen otras mujeres como Carolina Guzmán: nunca soñó con llegar a ser profesional a pesar de jugar desde muy pequeña, pero no por falta de voluntad sino por falta de información sobre el fútbol femenino. Ella cuenta que en su cabeza nunca existió la idea de una liga femenina: “Yo jugaba y sigo jugando porque me gusta y ya, pero no pensando que eso me llevara a algún lado”. Hoy Carolina juega en sus tiempos libres fútbol con sus amigas y pertenece a un equipo amateur llamado Stark, con el que compite en torneos aficionados femeninos. 

Estas dos aficionadas al fútbol concuerdan en algo: hoy en día existen más espacios para las mujeres en este deporte. Cada vez es más fácil encontrar un grupo, alquilar una cancha y jugar por diversión. Incluso, existen varios torneos aficionados que les dan la oportunidad de hacer lo que aman y disfrutan. 

El fútbol amateur o fútbol aficionado es una base muy importante para formar futuras jugadoras y es lo que permite, en gran parte, llegar a un alto rendimiento cuando son profesionales. 

Tanto las escuelas de fútbol, como los espacios de ocio y torneos no profesionales, hacen parte de las fases más indispensables para el fútbol profesional. Así lo determina la FIFA en su informe sobre fútbol juvenil. Según el Instituto Distrital de Recreación y Deporte de Bogotá, IDRD, tras la aparición de la Liga Femenina, varias escuelas de fútbol abrieron espacios para la inscripción de mujeres y su inicio de formación deportiva. Poco a poco, se habilitan más espacios para las que aman y viven este deporte. 

Aunque aún no sea un espacio lleno de oportunidades para nosotras, seguimos luchando por esa afición desde varios frentes. Para Camila Melo el fútbol le ha dado sus mejores momentos: como jugadora y como hincha. Recuerda varios: alzar el título con la selección en el campeonato de Chile en 2008 o gritar el 15 de julio de 2012 desde las tribunas ‘¡Campeón!’ junto al equipo de sus amores: Independiente Santa Fe. 

Para Carolina es diferente: su emoción se basa en disputar cada balón desde la cancha, marcar goles, conseguir medallas y alzar trofeos con su equipo aficionado. No disfruta mucho verlo, le genera un poco de desesperación. Insiste mucho en que no hay ninguna diferencia entre ser hombre o mujer y amar el fútbol. Para ella no debería existir esa brecha. Y por fortuna no la sintió desde pequeña, pues le enseñaron que para el deporte no hay género.

Vivirlo, soñarlo y lucharlo desde adentro

Para otras mujeres su relación con el fútbol no ha sido directamente pateando la pecosa. Algunas le apostaron a trabajar en este deporte desde otros campos. Sandra Salamanca es una de ellas. Recuerda con gran emoción uno de los momentos más importantes que le ha regalado el balompié: “Haber dirigido el primer partido de fútbol femenino con Equidad y llevarme la gran sorpresa de ser la primera mujer en dirigir un partido de fútbol profesional”. 

Salamanca marcó historia en el fútbol profesional de Colombia. Llegó a ser entrenadora porque nunca tuvo el talento para jugar este deporte y decidió estudiar Licenciatura en Educación Física, siempre con la intención de enfocar su trabajo al fútbol. Hoy dice que no se levanta a trabajar sino a disfrutar. “Yo tengo la fortuna de trabajar en lo que más me gusta y que me paguen por eso”, cuenta. 

Ha trabajado en los 3 equipos profesionales de Bogotá, dirigió la escuela de formación de Millonarios, de Santa Fe y de la Equidad. Este último club fue el que le abrió las puertas de subir a divisiones menores y de llegar a dirigir al plantel femenino. 

Son pocas las mujeres que hoy en día son entrenadoras u ocupan un cargo administrativo en el mundo futbolístico. Según un artículo de El Tiempo publicado en 2019, hay 4.343 mujeres que trabajan en la administración del fútbol, un 28% de toda la parte administrativa a nivel mundial. Pero para esta entrenadora esto nunca fue un impedimento. “Siempre me han medido como un entrenador más en mi club, independientemente si soy mujer u hombre, he tenido las mismas oportunidades y el mismo respaldo”, asegura. 

María José García es otro ejemplo de una mujer que quiso abrirse un espacio y luchar por este deporte desde el derecho deportivo. Ella es la vicepresidenta de Afutcol, Asociación de Futbolistas Colombianas, que busca proteger los derechos y representar los intereses de las futbolistas y exfutbolistas a nivel profesional, aficionado y de selecciones. 

Entre sonrisas cuenta que alguna vez quiso representar a jugadores. Lo intentó por un año, pero se dio cuenta que no era lo suyo. “Esto me llevó a relacionarme con el fútbol femenino, empecé a tratar de representar jugadoras, me convertí también en su asesora jurídica y en su amiga”, relata. Por esto le agradece siempre al fútbol femenino: fue el que le abrió las puertas para trabajar en el derecho deportivo y ejercer sus dos pasiones: el deporte y el derecho. 

La inclusión de la mujer en el mundo del balompié, según García, está lejos de ser la ideal. Sin embargo, dice, tener una liga profesional femenina hizo que se abrieran más espacios y que se generara un interés más grande por el fútbol femenino. El panorama ideal para esta abogada y fiel hincha del Junior de Barranquilla, sería que cada vez más mujeres estuvieran en los cargos de dirección técnica de los clubes, en cargos administrativos y que existiera una comisión de fútbol femenino conformada por jugadoras y otras mujeres vinculadas al deporte, tanto en Dimayor, Difutbol y la Federación. 

Aunque falta mucho camino por recorrer, la afición, el amor y la alegría alrededor del fútbol de mujeres sobra. “La combinación perfecta” responde María José, al preguntarle por la mujer y el fútbol. Una que ha llevado a estas mujeres, desde diferentes espacios, a romper esos paradigmas impuestos por la sociedad. Mujeres que se sienten orgullosas de lo que han conseguido gracias a este deporte y que siguen alentando los 90 minutos de cada partido. Su afición, su trabajo y sus sueños, son vitales para que el fútbol femenino siga creciendo en el país.

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