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Bogotá no me cuida, a mí me cuidan mis amigas

Por Simona, Escudos Azules

El nuevo año llegó con nuevas medidas de movilidad en Bogotá, que incluyen un aumento en la tarifa del pasaje y un pico y placa que pretende incentivar el uso del carro compartido. ¿Qué consecuencias directas tienen estas nuevas medidas sobre las vidas de las mujeres y niñas que se movilizan por la capital? Simona reflexiona al respecto en esta columna.

enero 21, 2022

La vida en Bogotá no es el sueño prometido que nos pintan. En esta ciudad rodeada por los cerros orientales, las mujeres nos hemos acostumbrado a callar y a normalizar dinámicas violentas como el acoso callejero. Por ejemplo, según 6 de 10 mujeres han sido víctimas de agresión sexual en el transporte público, según datos de la CEPAL en 2015. Sin embargo, en Bogotá seguimos culpando a las faldas y no a los violadores.

A pesar de esta realidad, las mujeres en Bogotá hemos conquistado derechos a pulso. Hemos salido al espacio público como nunca lo habíamos hecho, gracias a procesos como el Paro Nacional. También hemos ocupado roles que van más allá de los socialmente establecidos. A pesar de esto, según cifras de Medicina Legal, de enero a octubre de 2021, 98.545 mujeres fueron víctimas de algún tipo de violencia en Colombia. Ni el espacio público ni el privado son seguros para nosotras. 

Y ahora parece que nuestra seguridad se va a ver más amenazada con las nuevas medidas de movilidad que ha implementado la Alcaldía de Bogotá para este 2022. Medidas que podrían afectar la integridad física y emocional de aproximadamente cuatro millones de mujeres que nos movilizamos de un punto a otro de la ciudad. 

En el estudio realizado por la Fundación Thomas Reuters, se resaltó a Bogotá como la ciudad con el transporte más inseguro para las mujeres a nivel mundial. La sigue Ciudad de México, Lima, Nueva Delhi y Yakarta. Esta inseguridad se hace extensiva cuando tomamos un taxi, o usamos bicicleta, por ejemplo. Las nuevas medidas, en vez de brindarnos garantías, podrían estar haciendo lo contrario.

Desde el martes 11 de enero en Bogotá, Transmilenio elevó el costo del pasaje a 2650 pesos y el del SITP a 2450 pesos. Esto perjudica principalmente a los ciudadanxs de menores ingresos. Según la Cámara de Comercio, el 85% de los usuarixs de Transmilenio y SITP es de los estratos 2 y 3. Y sgún la Encuesta de movilidad en Bogotá de 2019, el 38,4 % de los usuarios de SITP y Transmilenio son mujeres. Esto quiere decir que casi el 40% de quienes pagan las nuevas tarifas debemos seguir enfrentando los mismos problemas, más probables manoseos y abusos cuando nos montamos en estos articulados.

Pero decir esto no es nuevo. Para nadie es un secreto que Transmilenio y el SITP también son escenarios de violencias machistas. Algo que no se soluciona aumentando el pie de fuerza pública de las estaciones y portales. De acuerdo con el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género en Bogotá de la Secretaría de la Mujer en 2017, más del 70% de las mujeres han sido víctimas o han visto acoso sexual en los alrededores de Transmilenio. Sin embargo, para muchas usuarias no existe otra forma de desplazarse en esta ciudad. 

Por varias de estas razones, el día en el que entraron en vigor las nuevas tarifas se realizaron acciones directas no violentas llamadas “Colatones”. Estas exigían un sistema de transporte digno para todxs.

Carro compartido con posibles agresores

Otra nueva medida problemática tiene que ver con el Pico y placa, sobre todo la medida de excepción que busca promover el uso del carro compartido. Ahora los vehículos que tengan tres o cuatro ocupantes podrán circular libremente por la ciudad. Además de los cuestionamientos que se han hecho sobre esta medida, existe uno que tiene que ver con nuestra integridad. Pues al compartir carro, podríamos terminar encerradas en un espacio muy pequeño con nuestro agresor o agresores.

Esta posibilidad no es algo que estoy solo imaginando. Según la investigación de Despacio 'Las mujeres y el transporte en Bogotá: las cuentas' el 59.3% de las mujeres han sido víctimas de acoso sexual mientras se movilizan en transporte particular. Asimismo, el 85% de las mujeres encuestadas aseguran haber sufrido algún tipo de acoso sexual definido como 'atención sexual no deseada por parte de extraños en el espacio público'. 

Tristemente, estas cifras reflejan que esta nueva medida es un posible nuevo espacio de violencia. Muchas accederán a él con miedo, pues hasta ahora es la única opción para librarse del nuevo Pico y placa. ¿Qué nos queda? Estar atentas a cualquier signo de agresión y contar con la suerte de no convertirnos en una cifra de violencia más.

¿Y la cicla?

Las nuevas medidas también pretenden incentivar el uso de la bicicleta en la ciudad, la medida más amigable con el medio ambiente, y también la más económica . Sin embargo, también es una de las formas más riesgosas de movilizarnos. Entre enero y noviembre del 2021,la Policía registró el hurto de más de 8.200 bicicletas en Bogotá. 26 al día en promedio. De ahí el nombre “La capital de la muerte en bicicleta”.  

Las mujeres que se movilizan en bicicleta perciben a Bogotá como una ciudad insegura. La falta de iluminación, las malas vías y los túneles acentúan la sensación de peligro, ya que las mujeres no solo nos exponemos al hurto de la bicicleta sino también a posibles agresiones sexuales. Por estas percepciones es que la bicicleta es el medio de transporte menos utilizado por las mujeres: 3,2% según cifras del Distrito. Si la ciudad quiere promover el uso de la bicicleta, debe brindarnos las garantías necesarias para usarla.

Estas cifras demuestran que Bogotá es una ciudad peligrosa para las mujeres, no es una simple percepción. Por eso es importante que desde la Alcaldía de Bogotá y el Gobierno Nacional exista un enfoque de género a la hora de pensar en la movilidad. Existen factores de inseguridad que nos afectan de manera diferencial. 

Este es nuestro siglo: nosotras nos estamos tomando el espacio público, y reivindicando los derechos que tenemos como ciudadanas. Mientras seguimos exigiendo garantías plenas para poder movilizarnos de manera digna y segura por las calles y avenidas de esta ciudad, no nos queda otra opción que cuidarnos entre nosotras. En el transporte público, cuando andamos en bicicleta y hasta cuando nos toque compartir carro. Por ahora nos toca repetir: ‘A mí no me cuida Bogotá, me cuidan mis amigas’.


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