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Responsabilidad afectiva y libertad individual: una conversación necesaria

Por Nathalia Guerrero

Hablar de nuestras relaciones necesariamente se convirtió en hablar de responsabilidad afectiva. En esta entrevista con la psicoterapeuta sexual Camila Barrera, analizamos el concepto a profundidad, lejos de todo el ruido que muchas veces ocasionan las redes sociales. ¿Dónde termina mi libertad y empieza mi responsabilidad afectiva con lxs demás? Acá tratamos de resolver el misterio.

febrero 17, 2022

Este texto hace parte de nuestro especial de San Valentín #AprendamosJuntxsDelAmor

Cuando una busca el numeral 'Responsabilidad Afectiva', aparecen casi 44,000 publicaciones en Instagram. Muchas de ellas diseccionan el popular concepto en pasos a seguir. Muchas otras lo dividen entre lo que es y lo que no. Hay unas que hablan del famoso ghosting y el famoso ‘casi algo’ como violencia emocional. Hay otras que te mandan a terapia para aprender a ser responsable afectivamente. 

Es difícil trazar los orígenes del concepto, aunque hay medios que lo ubican como un término creado en los ochenta, dentro del movimiento poliamoroso estadounidense. Con el tiempo, varixs autorxs empezaron a hablar de una 'no monogamia consensuada y ética', algo que obligaba a repensarse los principios y valores que regían nuestros vínculos. Con el tiempo, y con el feminismo, nos dimos cuenta de que esta reestructuración era vital para todos nuestros vínculos.

Otras de esas publicaciones en Instagram, más curiosas, hablan de cómo excusarnos en el ‘Yo soy así’ es irresponsabilidad emocional. "Si eres consciente de que estás haciendo sentir mal a otra persona y no cambias, tú eres el problema", dicen.

Es probable que sea así: quizá yo, entera, soy el bendito problema. Y hasta que no deje de serlo no voy a dejar de herir a quien amo. Pero ojalá fuera tan sencillo como chasquear los dedos y que ese problema se desvaneciera (¿O sea yo misma?). Para mi desgracia, y para la desgracia de mi amor, es mucho más complejo que eso.

Todas las publicaciones sobre responsabilidad afectiva me hacen sentir mal hoy. Mala persona. Siento que soy una irresponsable afectiva y emocional. Que 'no me hago cargo', como dicen esos carretes de Instagram llenos de colores, y que la terapia a la que le pongo toda la fe, y todo el sueldo, no me está ayudando a ser mejor. Siento que soy, sobre todo, una mala mujer feminista.

La entrevista con Camila Barrera Salcedo, una psicoterapeuta sexual experta en relaciones de pareja, fisiología y anatomía femeninas, y placer, me hizo sentir mejor. No porque hablando con ella me haya logrado zafar de la culpa y dejara de creer que soy todas esas cosas: aún lo sigo creyendo. Más bien porque hablar sobre un concepto tan de moda como la responsabilidad afectiva, desde una perspectiva crítica, me sumergió en una complejidad que, irónicamente, me hizo entender mejor, me dio certezas y dudas por igual.

Con Camila quise entender si esta tal responsabilidad afectiva o emocional tiene límites, o si cubre todo lo que hacemos o dejamos de hacer con nuestras relaciones. También si es un concepto que nos está reeducando realmente al momento de relacionarnos. O si más bien se convirtió en una consigna vacía para la superioridad moral y para hacer sentir como una mierda a personas como yo.

Sus respuestas son, sobre todo, una conversación hilada por fuera del dogma y del rebaño que a veces pueden ser las redes sociales. Y un sosiego para personas que seguimos creyendo que las relaciones humanas, y nosotrxs mismas, somos más complejas que un carrete de Instagram.

En el papel, la responsabilidad afectiva o emocional es fácil de definir: una forma de actuar en la cual tenemos en cuenta cómo influyen nuestras acciones y palabras en otras personas, y nos hacemos cargo de nuestras acciones. Pero, con su popularidad en redes, también se ha venido llenando de significados. ¿Cómo lo definirías, basada en tu experiencia? 

Yo la definiría, más que una forma de actuar, como una forma de pensar y de sentir cómo lo que yo hago, siento y la manera de manifestar ese sentir influye en otras personas. Es más ser consciente de que eso sucede. Porque cuando definimos la responsabilidad afectiva como una forma de actuar, eso ya nos pone en una obligación de hacer algo y no me gusta, pues está metiendo una obligación de ‘tener que hacer’. Yo puedo darme cuenta, o ser consciente de que mis acciones influyen en el otro. Y puedo decidir si quiero ir a la acción de reparar o de hablar o no (...).

Es decir, ¿La sola conciencia de cómo influyen estos actos ya se puede llamar responsabilidad afectiva? 

Sí. Porque cuando nosotros nos obligamos a actuar, ahí tenemos una línea muy delgada, sobre todo las mujeres, en donde se empieza a confundir la libertad. Esta empieza a ser confusa: entonces yo tengo que ir a hablar con la persona y decirle lo que sentí en ese momento, por ejemplo. Así la vida se vuelve como una especie de reparación constante o de dar explicaciones constantemente y resulta que eso hace parte de la libertad del individuo. Uno también tiene la libertad de no querer hacerlo, y esa es mi realidad.

Si tú eres consciente de eso puedes hacer otras cosas. Puedes reparar de otras maneras: mandar una carta o una razón. A mí no me gusta que los límites personales sean invadidos por estos conceptos sociales que se ponen de moda, porque ahí pueden empezar a pasar cosas. Incluso con el tema del abuso, en donde todo se convierte en una responsabilidad emocional, entonces hay que tener mucho cuidado.

¿Entonces en dónde se marca esa línea entre ser responsable afectivamente y cumplir con mis necesidades como individuo? Es decir, ¿Cuáles son esas ‘banderas rojas’ (ya que hablamos de conceptos populares) para darnos cuenta de que pasamos por encima de lo que necesitamos por ser responsables afectivamente con otra persona?

Yo tengo una línea base que siempre hablo con las mujeres: en un extremo de la línea está el bienestar. Y en el otro extremo no está el ‘no bienestar’, sino los límites. Eso es importante: nosotras siempre pensamos que los límites están cerca del bienestar y resulta que no. Los límites son lo que más se aleja del bienestar, porque cuando uno se acerca a ellos es cuando ya estás apunto de pasar una cerca que te lleva al displacer, la incomodidad o algo que no está bien contigo.

Cuando siento que mi responsabilidad emocional se acerca más a mis límites que a mi bienestar, ahí tengo que hacerme la pregunta. Muchas veces llevar esta conciencia a la acción se siente muy bien: “Voy a contactar esta persona y voy a decirle realmente lo que siento y que esto fue un error y que no quiero volver a verlo”, por ejemplo. Pero si esto me genera miedo, trauma, incomodidad, y se acerca a los límites de lo que yo no quiero hacer, ahí es donde yo pondría la pregunta. Si tienes que pasar ese límite personal y acercarte a una situación en donde ya no estás cómoda, eso realmente es un abuso a ti misma.

Has mencionado ya un par de veces “Cuando yo le digo a las mujeres” o “Yo hablo con las mujeres”. Este concepto se popularizó junto a otros como el cuidado, muy de la mano del feminismo. ¿Qué relación hay entre la responsabilidad afectiva y las mujeres feministas y por qué ahora? 

Este tema llega con los vínculos alternativos a la pareja monogámica convencional. Cuando empezamos a hablar de no monogamia consensuada, hablamos de cómo me relaciono con otros vínculos sexoafectivos y cómo eso va a tener acuerdos donde la responsabilidad emocional, afectiva y vincular está sobre la mesa. 

Ahí el feminismo llega a mostrarnos otras maneras de relacionarse diferentes al patriarcado, que ejerce relaciones piramidales jerárquicas, donde la primera relación que debe tener una mujer es con su pareja, la segunda con sus hijos, luego su familia, etc. El feminismo llega a tambalear esa estructura piramidal. Y una de las herramientas para relacionarnos de manera diferente es esto de la responsabilidad afectiva, pero yo ahí tengo mucho cuidado porque el patriarcado se disfraza de muchas cosas. 

Porque al final estas herramientas nos meten a las mujeres en encrucijadas de volver a estar en contra de lo que queremos, o de pisotear nuestra libertad y de mirar más al otro o la otra que a nosotras mismas. Entonces volvemos a ese lugar: (...) ahora tenemos un montón de vínculos con los que tenemos que responder, pero es la misma no libertad. Yo no digo que la responsabilidad emocional sea mala, sino que toca mirarla con lupa porque estamos disfrazando el patriarcado de otras cosas. 

Hace un tiempo leí esta entrevista que le hicieron a la psicoanalista Alejandra Kohan, y que es ‘polémica’ por estar en contra de la responsabilidad afectiva. Hay cosas con las que concuerdo, por ejemplo ¿Crees que este concepto nos resta agencia sobre las decisiones que tomamos? Hay círculos de violencia en dónde es difícil salir en ciertos casos, pero también no sé si es un concepto al que le estamos atribuyendo todo…

Sí. Hasta ahora he hablado de cómo sale la responsabilidad emocional de mí hacia otras pero tu pregunta va hacia cómo, desde esas otras personas llega esa responsabilidad. Y puede pasar que yo deje de agenciar mis propias cosas porque todo el tiempo estoy diciendo: “Esta persona hizo esto conmigo”, y ahí entramos nuevamente a que todos mis temas dependen de lo externo. 

(...) Si yo pienso que la responsabilidad emocional es que el chico que me dejó en visto debió haberme contestado, debo tener en cuenta que si yo estoy exigiendo un respeto de que quiero saber, esa persona merece un respeto de que no quiere volver a contestar. Ahí los hilos se vuelven muy delgados. Una cosa es cómo le doy gestión a esa herida del rechazo y cómo me genera miedo y frustración. Y otra cosa es echarle a él toda la culpa de la responsabilidad emocional. Es que ahí también nos empezamos a meter en las libertades individuales: todo el mundo tiene maneras de agenciar las cosas que no son las mejores, pero tienes toda la razón de que esto se ha convertido en lo que explica todo. 

¿Esa mala agencia es igual a una persona que es irresponsable afectivamente? Lo que dices me hace pensar en una frase que vi en Instagram: “La incertidumbre también es una manera de maltrato”. Entonces dudo sobre si ya no podemos tener espacios grises, que son dolorosos e incómodos, porque ahora son maltrato. ¿Entonces en que se convierten las relaciones, en un manual de ‘buenas prácticas’? 

A mí eso me preocupa mucho y me gusta mucho tu lectura, es afín a la que yo hago, porque finalmente no deja espacio a la espontaneidad, o a lo que llamo ‘el misterio del ser humano’. Muchas veces esta incertidumbre se da porque no sé qué responder. Y tal vez en dos meses pueda aparecer a decir “Oye lo siento, estaba enrollada, no sabía qué contestar”. Y esto hace parte de ser humano, de las relaciones. 

Las relaciones están normalizando una plantilla para cómo ser bueno en ellas. Y cuando uno lo ve terapéuticamente y lo saca de lo normado, analiza por qué esa persona está haciendo eso. (...) Es decir, si a mí me dejaron en visto seguramente a alguien le puede importar cero, a otra persona le puede importar cien, y a la que le importa cien tiene un tema con eso, con ser aprobado y frustración al rechazo. 

Entonces toda la responsabilidad de lo que me hacen empieza a pasar por fuera y me preocupa mucho. Es lo mismo que me pasa con el tema del poliamor y la no monogamia consensuada: ahora hay unas plantillas para eso. Entonces si la relación es abierta es de una manera, y los acuerdos tienen que ser así. Nuevamente entramos a un tema patriarcal donde estamos normando lo que no es hetero y lo que no es monogámico, porque no tenemos otra manera de existir sino la norma, y para mí la norma ya es patriarcal.

Hay otro tema que ha tomado fuerza junto con la responsabilidad afectiva y es el mandato de ir a terapia. Ahora es vital que una vaya a terapia, o es válido mandar a alguien a ir a terapia y yo me pregunto ¿La única manera de ‘darse cuenta’ o de ser una persona responsable afectivamente es yendo a terapia? 

Tal vez no soy la mejor persona para responder eso porque soy terapeuta y en mi caso personal creo mucho en los procesos terapéuticos. Pero considero que hay otros caminos que se salen de lo normal y racional. Hay mucha gente que puede decir “Yo fui a tomar un alucinógeno que me cambió la vida y duró una noche y entendí mil cosas”. (...) Creo que hay tantos caminos como personas en el mundo. Entonces darse cuenta, ser consciente de que no tengo una responsabilidad emocional tal vez te llegue por un círculo de mujeres, una red de apoyo, una conversación con una amiga. No necesariamente tienes que hacer un proceso terapéutico para eso, a veces no sirven.

¿Qué recomendaciones iniciales podrías dar para alguien que quiere iniciar este camino de la responsabilidad afectiva?

Una de las principales cosas que uno debe hacer cuando quiere ser responsable emocionalmente y afectivamente, es preguntarle a la otra persona cuáles son sus necesidades, sus deseos y sus expectativas en la relación. Muchas veces hay irresponsabilidad porque uno cree que se está metiendo con alguien que tiene las mismas necesidades, expectativas y deseos que uno. Entonces actúas de manera no responsable, no porque quieras ser una mierda, sino porque no te diste cuenta.

Por una falla de comunicación. 

La comunicación es el primer punto, pero no solo de lo que yo quiero o deseo. Uno muchas veces se resguarda en la honestidad para excusarte en “Yo le dije que no quería nada serio”. Y sí, pero te viste con él todos los días, follaron todos los días, fuiste al cumpleaños de la mamá… los actos y lo que dijiste no concuerdan. Entonces sí, yo comunico pero yo también pregunto cuáles son tus necesidades. Y también voy comunicando con mi acción y con mi palabra lo que voy sintiendo. 

Y esa comunicación debe ser constante, ¿No? Porque muchas veces lo que queremos cambia, o ni sabemos lo que queremos… 

Eso tiene que ver con el concepto de libertad, y para mí una de las cosas primordiales de la libertad es que uno puede ser una cosa hoy y otra mañana. (...) Estar abierto al cambio es muy importante, y estar abierto a que si yo quiero una relación, sé que estoy en una relación con alguien que muta y que yo también muto. Lo que hablamos no queda escrito sobre piedra, la comunicación debe ser constante. Eso es algo muy chévere de la amistad: que acepta los cambios, los sostiene. Pero a los vínculos sexo afectivos les cuesta más trabajo moldearse a los cambios.

La responsabilidad afectiva puede tener dos caras: su popularidad puede lograr que esta generación se reeduque a nivel afectivo de verdad. La segunda es que quizá se volvió moda, pose y para la superioridad moral. ¿Qué opinas de esto? 

Yo creo que sí hay una reeducación en cómo nos relacionamos con los vínculos. Por ejemplo, el concepto de la anarquía relacional me parece muy importante al hablar de no jerarquizar los vínculos. También la forma como la honestidad está sobre la mesa, o cómo ahora respetamos lo que queremos y lo dejamos súper claro sin culpa. (...) Dentro de todo esto, la responsabilidad afectiva puede ser una herramienta chévere, siempre y cuando no coharte la libertad. 

Sobre la parte negativa, soy una crítica de muchos de estos conceptos, como ese new age de que las energías de las personas con las que uno tiene sexualidad se quedan adentro. Como si el dios cristiano se convirtiera en la energía que se queda dentro del útero.

Hay una moralidad intrínseca con eso, y pasa lo mismo con la responsabilidad afectiva. Existe una modalidad de lo que es bueno, porque además alguien lo está diciendo y es lo más viral en Instagram y Twitter. (...) Entonces te vuelves a meter en los 10 mandamientos pero disfrazado de otra cosa. Ya no puedes hacer algo impulsivo y que sale de tus entrañas. Obviamente no digo que puedo hacer lo que se me da la gana, pero a mí esa pérdida de libertad cuando te obligan a hacer algo porque si no eres malo, me huele a judeocristiano.

¿Sientes que los hombres requieren más trabajo para llegar a ser responsables afectivamente o sientes que no existe una brecha de género en este tema? 

Sí existe. Una de las afecciones más profundas del patriarcado en los hombres ha sido el tema de que no pueden sentir. (..) Ahí es donde viene todo el tema de la responsabilidad afectiva, donde una de las principales características es la comunicación y la expresión de lo que yo necesito de ti y de lo que siento y vivo. Y  los hombres tienen un tapón gigante por no expresar. No expresan porque se muestran vulnerables, otra de las características de la responsabilidad afectiva. Porque cuando tú muestras lo que quieres, lo que sientes y lo que necesitas te pones vulnerable frente al otro.

En cambio las mujeres estamos más acostumbradas a eso. Disney nos ha entrenado en el drama total, entonces es mucho más fácil entrar ahí. Pero nuestro reto es no dramatizar, sino ponerlo en un contexto donde soy consciente, pongo y no espero que el otro me resuelva. No hay un Salvador que te resuelve, yo puedo decir que necesito esto, y no va a venir a dártelo, pero es tu responsabilidad decirlo, aunque nadie llegue.  

Y cuando hablamos de abusos emocionales dónde trazar la línea, es decir ¿Toda responsabilidad afectiva es un abuso emocional o cómo podemos organizarlo?

Ahí hay muchos grises, y se necesita ver cada caso con lupa. Primero debemos hablar sobre hasta qué punto llega la libertad del otro y mi la libertad, mis límites. 

Yo creo que cuando uno se siente abusado emocionalmente es porque primero existe un vínculo. Es importante decirlo porque muchas mujeres confundimos los vínculos, por ejemplo los sexuales con vínculos sexo afectivos. Y ahí denunciamos que hay maltrato. Yo tengo muchas consultas por eso, y cuando uno va a ver como que no, porque desde el principio se sabía que era sexual. Yo soy defensora de que la sexualidad lleva algo emocional, pero si era algo que estaba sobre la mesa y las mujeres solemos aceptar cosas que no queremos por entrar en esos vínculos. 

También se detectan estos maltratos emocionales cuando son repetitivos, sobre todo luego  de haber denunciado mi necesidad. Si el comportamiento es reiterativo, hay abuso emocional. Esto no puede pasar tres veces, a la segunda vez es como “Oye ya había dicho que esto me duele, me afecta y tú lo volviste hacer, o no dijiste nada con respecto a esto que ya sabías que teníamos acordado”. Luego de esos dos puntos todo se empieza a ver más nublado por lo que hemos dicho: internet dice un montón de cosas pero no es tan así.

***

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