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Reflexión sobre una catedral

Por Simona, Escudos Azules

Simona es artista, activista y columnista de MANIFIESTA. El pasado 20 de marzo irrumpió en la Catedral Primada de Bogotá con su colectivo de artistas para confrontar de manera directa a esta institución. Nunca se imaginaron que su intervención artivista iba a ser utilizada para las campañas presidenciales de dos bandos opuestos. En su nueva columna nos cuenta a fondo qué ha pasado desde que salieron de esa iglesia hasta hoy.

marzo 22, 2022

Simona es artista, activista y columnista de MANIFIESTA. El pasado 20 de marzo irrumpió en la Catedral Primada de Bogotá con su colectivo de artistas para confrontar de manera directa a esta institución. Nunca se imaginaron que su intervención artivista iba a ser utilizada para las campañas presidenciales de dos bandos opuestos. En su nueva columna nos cuenta a fondo qué ha pasado desde que salieron de esa iglesia hasta hoy.

“¿Cuál paz?

si seguimos contando muertas y muertos

desaparecidas y desaparecidos

encarceladas y encarcelados

¿Paz? ¿De qué paz hablamos? Cuando olvidamos amarnos los unos a los otros”.

Con estas palabras arrancó la acción performática, simbólica y confrontativa que hicimos en la Catedral Primada de Bogotá el pasado domingo, 20 de marzo. Asistimos a la eucaristía de las 10:30 A.M. y cuando llegó el “Llamado a la paz”, ese momento de encuentro con el otro en la misa, elevamos nuestros gritos para cuestionar en voz alta lo que significa la palabra paz en un país como Colombia, en donde nunca vemos al otre. 

El mismo país en donde quienes firmaron la paz tienen que huir constantemente de la guerra. En donde jóvenes que sueñan con una sociedad diferente son premiades con disparos en la cabeza y en el que al menos 41 líderes sociales han sido asesinades por luchar por nuestros derechos de manera pública, repetitiva e impune.

Por eso le dimos vida a la Red de Artistas En Resistencia (RAR), compuesta por artistas agotades de ver que el arte no se compromete con la realidad política del país, y no asume las justas luchas del pueblo. El arte no es decoración insípida que habita las salas de las galerías, ni una puesta en escena vacía de contenido en una sala de teatro. El arte, pensamos nosotres, debe ser una acción simbólica y confrontativa, que habita el espacio público como su escenario, y desde allí se enuncia. 

Esta fue nuestra primera acción, y nuestro llamado era tanto para artistas como para no artistas: comprométanse con la sociedad a través del arte, para que de esta forma podamos seguir incidiendo en la realidad política del país, pero construyendo de una forma que tenga en cuenta la diferencia y el amor a quienes nos rodean. 

Soy mujer, soy activista, soy artista, soy un sujeto político, pero ante todo soy una soñadora que quiere un mundo en el que quepan muchos mundos. Pienso, como mis compañeros, que la libertad es la utopía de lxs soñadorxs y que la podemos alcanzar a través del arte, el responsable de conectarnos con la belleza del mundo. Quizá eso nos convierta en seres espirituales, a quienes les parece importante centrar la mirada en el otro. Eso pretendíamos con nuestra acción, en la cual el mensaje era uno solo: no es posible una paz sin justicia social.

Nunca nos imaginamos que esta acción iba a ser instrumentalizada con fines políticos, pero entendemos que la atención mediática esté centrada en eso. Por si no ha quedado claro, lo que hicimos en la Catedral nada tiene que ver con política electoral. No nos mandó ni el uno ni el otro. Es un acto que viene directamente de nuestra autonomía y nuestro deseo de ser escuchades.

Para nosotres es claro: somos una posible cortina de humo ante el posible gran fraude electoral que se lleva denunciando por varios sectores políticos desde el pasado 13 de marzo. Somos una distracción que se pone para desviar la atención ante las injusticias que se siguen reproduciendo, vengan de donde vengan. Lo que gritamos ese día, lo han tergiversado los medios sin principios ni escrúpulos. 

El Uribismo no quiere perder el poder, el Petrismo teme no alcanzarlo, y allí en la mitad quedó nuestra acción. Una intervención que se hizo con la garantía de la libertad de expresión que nos da este país. Y que no pasó por encima de la libertad de culto de quienes estaban ese día en la catedral, pues la misa se reanudó luego de tres minutos. 

Entonces, en vez de respetar el acto como una expresión confrontativa, lo que hubo fue violencia desatada. Los grandes medios de comunicación generaron un discurso de odio que despertó la violencia de les colombianes y que nos está estigmatizando. Esto nos demuestra lo que ya sabíamos: una sociedad no va a cambiar en las urnas, sino el día en que aprendamos a construirnos desde nuestra diferencia frente a les demás. Eso era lo que pretendíamos con este espacio, porque nos duele profundamente que ese modelo de sociedad parezca inalcanzable. 

Soy artista de formación, y soy consciente del papel que tiene el arte en la transformación del país, porque nos conecta con la belleza del mundo.  Pero esa belleza tiene muchos matices: también es transgresiva, incómoda y rebelde. El arte no pide permiso, es fuerte y contundente, siempre dispuesto a combatir, sobrevivir y hacerse notar en la cotidianidad. En esta línea, pensamos en RAR, el activismo político también debe ser artístico, porque los lenguajes creativos y transgresores deberían estar al servicio del cambio social. 

En plena campaña electoral, el mensaje de nuestra primera acción se desvió de su lugar original, y terminó en lo que hemos visto hoy en los medios y las redes sociales. También terminó en una cantidad de amenazas para mí y para los míos. Las amenazas han llegado a tal punto que un ex candidato del partido Liberal ha puesto en sus redes sociales una invitación a 'darme plomo', por leer un manifiesto en una iglesia.

Amenazades y frustrades, nos preguntamos hoy por la característica doble moral de este país: ¿Tanto izquierda como derecha se indignan por una acción simbólica y artística en un espacio no convencional, y no por los crímenes impunes que cometen todos los días quienes dicen cuidarnos y gobiernan? 

Como colectivo, y yo como activista y artista, no cuestionamos la fe creyente católica. Lo que cuestionamos con esta intervención es su inexistente capacidad para llevar eso que pregonan en cada misa a la realidad. En vez de eso, dejan que ese mensaje quede encerrado y no salga a materializarse por fuera de sus iglesias. Ese es el verdadero problema: su pasividad. No solo de la iglesia, sino de las entidades oficiales de este país, así como las no oficiales, frente a la realidad social del país.

¡Nuestros sueños no caben en sus urnas y por está razón seguiremos haciendo que la llama del arte continúe viva en las calles! Sus amenazas y su violencia quiere callarnos, pero lo único que hace es fortalecernos en la dificultad.

***
Este es un espacio de opinión diversa, las opiniones de las columnistas no reflejan necesariamente las posturas del medio. Sigue a Simona en Twitter, y recuerda seguir a MANIFIESTA en Twitter e Instagram.


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