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Studio Ghibli: la magia es el feminismo de sus personajes

Por Laura Tatiana Peláez Vanegas

El Estudio de animación japonés ha creado joyas cinematográficas memorables no solo por sus historias bien construidas, su fantástica fotografía y una apuesta de animación que se ha vuelto su marca. También porque la mayoría de sus protagonistas son mujeres y niñas valientes, independientes y sensibles. ¿Por qué lo anterior se relaciona con el feminismo? Tatiana Peláez explora esta pregunta.

febrero 5, 2022

La primera vez que vi una de las películas de Studio Ghibli tenía once años. La vi a través de televisión pública, en donde antes de la era Netflix estaban canales como Señal Colombia, con gran parte del catálogo del estudio japonés. ‘El increíble castillo vagabundo’ (2004)  se convirtió en la película animada más bonita que había visto hasta ese momento. 

Aunque no es una creación original del director Hayao Miyazaki, sino una adaptación del libro homólogo de la escritora británica Diana Wynne Jones, Miyazaki, a mi parecer, introduce elementos a la narración que se relacionan con masculinidades no hegemónicas, la compasión, la belleza, la complejidad de la vejez y la cultura de la paz. 

En esta película (hay un par de spoilers) Sophie, la protagonista, es una joven que trabaja en una tienda de sombreros. No posee una belleza física que resalte, pero es dedicada, prudente y sobre todo noble y valiente. Un día, una bruja –La bruja del Páramo– entra a la tienda. Es grosera, y como Sophie le hace caer en cuenta de su actitud, la bruja la maldice haciéndola lucir como una anciana. 

Sophie convertida en anciana - Studio Ghibli

Esa fue una de las escenas que más llamó mi atención. Durante gran parte de la película la protagonista no era una mujer joven ni bella, como en otras historias animadas que había visto. Sophie era una anciana dulce. Además, sus cualidades de prudencia, compasión y nobleza aumentaron con su edad. A pesar del miedo que sintió por el cambio de su apariencia, y de la rabia que sintió hacia la bruja, Sophie no encontró en la vejez un obstáculo, como es concebida la vejez en muchas culturas. De hecho, descubre lo más interesante de ella misma siendo una anciana. 

Con los años, me maravilló encontrar que en otros largometrajes de Ghibli había personajes femeninos cuyo desarrollo narrativo iban más allá de ser el objeto de amor o deseo de un personaje masculino. Eran personajes con una agencia, con una historia. 

Personajes como Satsuki y Mei, de ‘Mi Vecino Totoro’ (1988), Kiky de ‘Kiki: entregas a domicilio’ (1989) o San, de ‘La Princesa Mononoke’ (1997) sembraron en mí el deseo de ser una mujer independiente y de algo que no nos enseñan muy seguido: no temerle al miedo, aunque suene contradictorio. Aprendí con ellas que sentir miedo es algo muy humano, y que no necesariamente es un problema.

Sobre todo, las protagonistas femeninas de Ghibli fueron las primeras en mostrarme que la compasión y la ternura no solo con nosotras mismas, sino con los demás seres vivos, son una forma de revolución muy poderosa. 

¿Qué tiene que ver lo anterior con el feminismo? Absolutamente todo. La independencia, el valor que poseemos solo por existir como mujeres en este mundo, y no por ser el objeto de amor y deseo de un hombre. También la ternura y la compasión como revolución son los aprendizajes más bonitos que me ha traído el feminismo y, por supuesto, Ghibli.

Mujeres protagonistas de las películas de Studio Ghibli

El ‘Disney japonés’ nació oficialmente el 15 junio de 1985. Los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata unieron su talento con el productor Toshio Suzuki para crear la compañía. Sobre todo después del éxito de Nausicaä del Valle del Viento (1984). De hecho, esta primera producción de los amigos tiene como protagonista a una adolescente. Ella, cómo la describe la escritora Anna Junyent en su libro ‘Mujeres de Studio Ghibli: La huella femenina de Miyazaki en el ánime’, tiene un carácter fuerte, amable, sensible y heroico. 

Igualmente, no deja de ser inquietante que sean hombres los que estén detrás de la construcción de estos personajes femeninos. Pero esto solo demuestra una cosa, y es que hombres como Miyazaki y Takahata también tienen la capacidad para llevar a la ficción y a la animación la complejidad humana que todas las mujeres y niñas tenemos y que en otras narrativas dominantes solo se la atribuyen a los hombres. Narrativas que reducen a las mujeres a un personaje complementario que generalmente se enamora del protagonista.

En el caso de Miyazaki es posible que su entorno familiar influyera en la manera en la que retrata a las mujeres en sus creaciones. Anna afirma que la madre del director, Dola, padeció de una tuberculosis espinal que la mantuvo en cama mucho tiempo. Miyazaki ha afirmado que su madre le enseñó la fuerza y el valor, características que asocia con las mujeres. En la oda a la cotidianidad de la infancia ‘Mi vecino Totoro’ (1988), la madre de las niñas protagonistas (Satsuki y Mei) sufre de una enfermedad que le produce tos y que la deja en cama por varios días. Un reflejo de la historia de su madre y un elogio a la madre amorosa que fue Dola, según Miyazaki. 

Esa película, que es una de mis favoritas de la vida, muestra la historia de dos hermanas: Satsuki, de 11 años, y Mei, de 4 . El argumento del largometraje es la mudanza de la familia Kusabe. Ellas y su padre llegan a una casa vieja, pero acogedora, mientras su madre se recupera en el hospital. Uno de los elementos más interesantes es el cambio de los roles asignados de género. Ante la ausencia de la madre, el padre toma las riendas del cuidado de la casa y de las niñas, mientras también trabaja.

La sencillez y la belleza de la historia son impresionantes. Las hermanas se encuentran con seres mágicos, a los que Mei les da el nombre de Totoros, quienes parecen ser guardianes de los árboles y de la naturaleza alrededor de su casa, y también cuidan de ellas. Lo curioso es que solo las niñas pueden verlos. Sin embargo, el padre nunca duda de la veracidad de las aventuras que tienen sus hijas. Tampoco la madre, a quien Satsuki le cuenta todo a través de correspondencia, cuando no puede ir a visitarla. Esa validación por parte de los adultos hacia las historias de sus hijas, es una apuesta que combate el mundo adultocéntrico en el que vivimos. 

Satsuki, Mei y su padre. Mi vecino Totoro - Studio Ghibli

Las masculinidades no hegemónicas también se evidencian en Howl, el mago protagonista de ‘El increíble castillo vagabundo’. Howl es un hombre apuesto, mujeriego, pero sobre todo vanidoso. El contraste es visible: él es quien más sufre por su apariencia y no Sophie, la adolescente que luce como anciana. En una escena, Sophie limpia la casa de Howl y sin querer desorganiza los cientos de productos y pócimas que tiene para su higiene personal. El resultado es que el pelo de Howl cambia de negro a naranja y tiene un episodio de ansiedad y tristeza por lo sucedido. Para Miyazaki, la vanidad no es exclusiva de las mujeres, sino que es compartida por los hombres, quienes también se ven afectados por la presión sobre su apariencia. 

Los guardianes de la naturaleza no sólo aparecen en Totoro. También en la película animada más maravillosa que he visto en toda mi vida: El viaje de Chihiro' (2002), ganadora de un Óscar a mejor película animada.

Así se llama la protagonista de esta película, una niña de nueve años que se muda con sus padres. Antes de llegar a la nueva casa, ella y su familia se ven atraídas hacia un mundo mágico de brujas y espíritus. Los padres de Chihiro se convierten en cerdos luego de ser incapaces de parar de comer. Chihiro, a pesar de temer por la soledad y la vulnerabilidad que siente sin sus padres, se adapta con valentía al nuevo mundo para salvarlos. En una escena, ayuda a bañar a un “espíritu hediondo”. Este termina siendo el Dios del Río convertido en un monstruo maloliente por la contaminación humana en sus aguas. 

Esta narrativa del cuidado de la tierra sigue en películas como ‘La Princesa Mononoke’. En esta la protagonista es San, una guerrera que protege a su aldea de los ataques de un dios consumido por el odio. La historia muestra cómo el progreso de la humanidad quiere someter a la naturaleza. Sin embargo, ésta no es estática ni está indefensa. La naturaleza en esta película se protege a través de dioses ancestrales muy poderosos. Es decir, mis primeros referentes ecofeministas fueron Chihiro, San y Satsuko y Mei. 

Satsuki, Mei y Totoros. Mi vecino Totoro - Studio Ghibli

Por último, una de las obras maestras de Takahata ‘El cuento de la princesa Kaguya’ (2013) se convirtió en otra de mis películas favoritas. Además de que la técnica de animación es diferente y cada fotograma parece una pintura, está inspirado en el texto de ficción japonés más antiguo del que se tiene registro: ‘El cuento del cortador de bambú’.

Aquí la protagonista es Kaguya, una princesa que proviene de la luna y que aparece en medio de un bambú cortado. Un cortador de bambú la encuentra y la acoge junto a su esposa en una sencilla casa del campo japonés. Kaguya es hermosa y crece más rápido que cualquier niño de su edad. Esta película es un elogio a la familia que se escoge, a la adopción y al duelo. Kaguya se rehúsa a seguir las imposiciones culturales de las mujeres de su tiempo y sufre por ello. Huye de su casa, a pesar de amar a sus padres, para buscar a un amor de infancia y despedirse de él.

Kaguya resistiéndose a transformada en una mujer de su época- Studio Ghibli

Kaguya, ya adulta, recuerda que viene de la luna y una noche, el propio Buda, diosas y dioses lunares llegan a la tierra para llevarla de nuevo a casa. Es una despedida colorida, hermosa y triste en la que ella y su familia están agradecidas por el tiempo compartido. ¿Hay algo más feminista que aprender a tramitar los duelos? Muchas cosas, pero el feminismo me ha enseñado precisamente a despedirme de una manera más sana. Vi reflejado el feminismo, además, en el elogio a una familia no tradicional, en la que unos padres mayores adoptan a una niña sin ningún tabú de por medio. Y para quienes su mayor regalo es una hija mujer.

Kaguya libre - Studio Ghibli

Hace poco decidí hacer un experimento. Quise saber si el impacto que tuvieron casi todas las películas de Ghibli en mi vida, lo tendría en otras generaciones. Por más de una semana invité a mi prima María José, de ocho años, a ver las películas “de muñequitos”. Vimos todas las que nombramos aquí. Después de ver La Princesa Mononoke, María José me dijo: “Yo creo que la naturaleza debe estar muy brava con todos. Todo el mundo bota basura”. Luego me dijo que quería disfrazarse de San y encontrar a los dioses ancestrales para proteger a la tierra y a los ajolotes, su animal favorito, que está en vía de extinción. Al final de la semana de maratón Ghibli me preguntó algo que me conmovió: “¿Cuándo vamos a recoger basura para limpiar al espíritu del río como Chihiro?”.

Todas las películas de Studio Ghibli están en Netflix y María José y yo les recomendamos todo el catálogo.

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