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No somos vaginas parlantes

Por Manifiesta Media

Hace unos días al periodista deportivo Esteban Jaramillo se le metió un poco de tuit en su misoginia y se hizo viral. ¿Por qué es importante poner atención a este tipo de tuits, no dejarlos pasar y profundizar en las conversaciones que plantean? En esta editorial les contamos mejor.

agosto 31, 2021

“Mujeres periodistas con clase y vedetes insulsas, vaginas parlantes y culos prominentes sin memoria y sin cerebro que hacen cualquier cosa para llamar la atención”.

La frase no es de hace 20 años, ni de hace 10. La frase la publicó hace unos días el periodista deportivo Esteban Jaramillo en su cuenta de Twitter, refiriéndose a cómo ha cambiado este gremio, según él. “Pasa por comunicadores serios, hay muchos; otros incompetentes”, escribió para referirse a los hombres. Luego puso esta joya para hablar de las periodistas deportivas. Así dejó en evidencia una latente misoginia que está lejos de ser erradicada en este campo y el periodismo en general.

Y aunque horas más tarde publicó unas disculpas generales y medio desabridas por el mismo medio (¿Qué quiere decir cuando dice 'Mis respetos para todas las mujeres'?), el daño ya estaba hecho y el pantallazo al tuit también. Jaramillo aprendió, de la forma más dura que, para nuestra fortuna, y para nuestra desgracia, la primera lección de las redes: todo pensamiento publicado es susceptible de quedarse. Mucho más si es un pensamiento sexista como este. 

El tuit del periodista fue una nueva oportunidad para continuar una conversación que debe ser constante y activa, sobre las diferentes formas de violencia simbólica que vivimos constantemente las mujeres periodistas. Esto, a través de dinámicas que siguen estando muy normalizadas, sobre todo en gremios periodísticos donde la brecha de participación entre hombres y mujeres es mucho mayor. Este es el caso del periodismo deportivo. Su publicación fue solo un ejemplo más de ese tufillo machista que sigue tan vigente en nuestra profesión.

En 280 caracteres, Jaramillo revela muchas cosas. Para hablar de cambios del mundo del deporte que aparentemente le molestan, primero se refiere a los periodistas deportivos como comunicadores serios o como incompetentes. Y luego de eso hace el mismo ejercicio paralelo con sus colegas mujeres, pero decide utilizar otros términos. En vez de hablar de ellas paralelamente como “comunicadoras serias”, decide llamarlas “mujeres periodistas con clase”. No pueden ser competitivas, no pueden ser buenas ni exitosas, talentosas o rigurosas. Lo máximo a lo que puede aspirar una mujer periodista a la que le vaya bien, el sinónimo de éxito para una mujer del gremio, según Jaramillo, es 'tener clase'. Así nos ve. Bajo ese criterio nos concibe en el mundo.

Pero la cosa se pone peor. En vez de hacer la misma observación negativa que hizo sobre hombres periodistas, Jaramillo se despacha y llama a sus colegas periodistas "Vedetes insulsas, vaginas parlantes y culos prominentes sin memoria". Porque una vez más, ni siquiera podemos ser malas o incompetentes en nuestro trabajo en paz sin la sexualización y la misoginia de hombres como Jaramillo por delante. Alguien que en vez de ver mujeres colegas, ve tetas y culos destinados a ser ornamentos. Alguien que no nos cree capaces de ocupar un lugar en el periodismo deportivo.

¿Sorprende? No, nos sorprende. ¿Pero nos debería importar la misoginia que salga de la boca y la cabeza de periodistas como Jaramillo? La respuesta es que sí, si debería. Este tipo de publicaciones tienen que dejar de pasar y deben ser rechazadas públicamente. Muchas mujeres periodistas optaron por apropiarse del insulto, como pasa tantas veces. Así, publicaron en redes que estaban orgullosas de ser vaginas parlantes. Pero no debemos dejar de lado que, en parte, hombres como él siguen teniendo responsabilidad en la reproducción de la violencia simbólica en nuestra contra. Hombres con una audiencia considerable, con un reconocimiento y una trayectoria específicas y con una plataforma en Twitter que llega casi a las 100.000 personas.

El tuit de Jaramillo no es un caso aislado. En su último informe “Periodistas sin acoso: violencia machista contra periodistas y comunicadoras en Colombia”, La Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género (RCPVG) y la Fundación Karisma encontraron que las violencias machistas dentro y fuera de internet está completamente normalizado. El 73% de las periodistas y comunicadoras encuestadas han vivido violencias psicológicas ejerciendo esta profesión, y el 67% acoso sexual. “Estas agresiones ocurren más frecuentemente en los medios de comunicación, espacios físicos cerrados donde realizan su trabajo periodístico y en el ámbito digital”, menciona el informe.

Cuando hablamos de violencia psicológica específicamente, el informe explica que tiene una carga de género que se conecta con el hecho de ser mujer. “El control sobre lo que se dice (o no se logra decir) y el cuerpo femenino es la razón preferente para ejercer las violencias”, afirman, La cual en el 39.2% de los casos se manifiestan en temas duros del periodismo, como la política, la economía, los asuntos judiciales, el conflicto armado o los deportes. 

Los principales agresores de estas formas de violencia son compañeros de trabajo y en posiciones de poder. Si nuestros espacios de trabajo están llenos de hombres como Jaramillo, ¿Cómo asegurar una carrera profesional exitosa libre de violencias en este campo?. María Camila Casadiego Castro cuenta en su tesis que hubo dos mujeres que lograron grandes avances en el campo periodístico deportivo: Esperanza Palacio y Claudia Hernández. Ambas fueron de las primeras incursionando en este campo en el país. Hoy por hoy son muchas: reporteras, editoras, directoras de medios que han construido trayectorias exitosas, sí. Pero no libres de obstáculos y violencias tangibles que se relacionan con el sexismo y la discriminación.

Quizá ese es el cambio al que se refiere Jaramillo en su tuit, uno que le hace tambalear su masculinidad al ver mujeres más competentes, más preparadas, mejores... o al menos no detenidas por la justicia. A diferencia de él, quien fue detenido por la Fiscalía a finales de los años 90 por hacer parte del escándalo ‘8000 deportivo’. En él, varios periodistas deportivos y directivos del mundo futbolístico recibieron dineros de los hermanos Rodríguez Orejuela.

Quizá sea eso: que ahora en este nuevo periodismo deportivo que menciona Jaramillo, las mujeres hacen parte de él y son muy buenas en lo que hacen. Quizá lo que añora es un periodismo hecho por puros penes parlantes. Un soliloquio de huevas.

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