Violencia doméstica: el impacto que podía preverse para la cuarentena

Las cifras de los últimos meses sobre violencia doméstica y feminicidios en el país nos han dado una lectura inicial que es difusa y, en algunos casos, contradictoria. Sin embargo, existe un denominador común en esta lectura: el impacto de estas violencias pudo preverse por parte de diferentes entidades estatales, o al menos amortiguarse.

Ocho mujeres fueron asesinadas en los primeros siete días de cuarentena en marzo. A tres de ellas las mataron el primer día del aislamiento preventivo obligatorio en Colombia.

A partir de ese momento, y hasta el final de la cuarentena, para inicios de septiembre, al menos 80 casos de feminicidios se registraron durante el aislamiento, según cifras oficiales del Observatorio de Violencias contra la Mujer, de la Fundación Feminicidios Colombia. La cifra, que sigue siendo muy difusa de acuerdo a la fuente, aumenta en el cubrimiento de feminicidios que ha hecho la revista Cerosetenta, de la Universidad de los Andes, por ejemplo. Hasta el mes de julio, Cerosetenta registraba que 91 mujeres fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres en 128 días de cuarentena nacional, harían falta los datos de agosto y septiembre.

Según esta última fuente, una mujer estaba siendo asesinada cada día de por medio en Colombia, por razones relacionadas con el género. Y de acuerdo con el registro que tiene el Observatorio de Violencias contra la Mujer, se presenta una disminución del 34.15 % respecto al mismo periodo en 2019, de marzo a julio. Habría que ver la comparación del registro de los pasados meses. Ambos conteos siguen demostrando que la cifra de feminicidios en Colombia continúa siendo difusa. 

Sin embargo, existe un denominador común en las cifras de este año: la mayoría de feminicidios han sucedido al interior del hogar de las víctimas, el que debería ser uno de los espacios más seguros para una persona. Y esta constante se relaciona con el aislamiento obligatorio que generó la pandemia este 2020. Durante estos 164 días de cuarentena los factores de riesgo que aumentan las violencias contra las mujeres, confluyeron: muchas permanecieron encerradas con su agresor, hay mayor dependencia económica, condiciones de hacinamiento y pérdida de autonomía y agencia ーen parte porque el mayor número de empleos que se perdieron por la pandemia eran ocupados por mujeresー.

¿qué tanto pudo haberse previsto desde las entidades estatales el impacto que la cuarentena iba a generar en las violencias contra las mujeres durante estos meses?

Estos factores no se revelaron durante la pandemia, son variables de vulnerabilidad ante la violencia de género que están plenamente identificadas y se exacerbaron por el estado de excepción que causó el virus. En este informe Defensorial sobre Violencias Basadas en Género y Discriminación, realizado por la Defensoría del Pueblo, determinan como factores de vulnerabilidad para la violencia de género en el ámbito familiar la “dependencia económica, barreras de acceso para la efectiva protección y el acceso a la justicia”, así como la “debilidad en las medidas de estabilización”.

Si esta serie de factores relacionados con las violencias basadas en género, específicamente las que suceden al interior del hogar, es un listado que está plenamente identificado, ¿qué tanto pudo haberse previsto desde las entidades estatales el impacto que la cuarentena iba a generar en las violencias contra las mujeres durante estos meses? Y sobre todo, ¿qué resultados efectivos han tenido estas entidades en la lucha contra este tipo de violencias?

Violencia contras las mujeres, el delito que no disminuye

Las cuarentenas comenzaron en Bogotá el 20 de marzo con el Simulacro Vital, que se mantuvo por dos días más y empató con el aislamiento preventivo obligatorio del gobierno nacional, que inició el 25 de marzo y se prolongó hasta el 31 de agosto para todo el país. 

Durante estos meses, según este Análisis de datos Siedco de la Secretaría Distrital de Seguridad de Bogotá, delitos como homicidio en accidente de tránsito, el hurto a personas y la extorsión han tenido una disminución significativa ーde entre el 36 y el 50 %ー, que se explica por las medidas que impidieron la movilidad por cuenta del coronavirus.

Sin embargo, no ocurrió lo mismo con la violencia intrafamiliar y el homicidio, que han tenido una disminución apenas del 2 % para ambos delitos.


Es más, si revisamos solo los datos de homicidio de la Secretaría de Seguridad en el mes de abril ーel primer mes completo en cuarentena y en el que se registra el pico de violencia doméstica denunciadaー, el homicidio a hombres bajó en un 46 %, mientras que el homicidio contra mujeres se mantuvo exactamente igual al de 2019: 6 mujeres asesinadas en un mes.

“Lo que demuestra que la única mortalidad que permanece constante, aún habiendo medidas que restringen la movilidad, es la de mujeres”, explica Carolina Mosquera Vega, investigadora de Sisma Mujer. “Se ve que hay una carga de género en los homicidios a mujeres así no los llamen feminicidios”.

El tema se vuelve aún menos comprensible si se tiene en cuenta que existían ejemplos de lo que estaba pasando con el aumento de las violencias contra las mujeres en cuarentena en otros países. 

En mayo, Sisma Mujer publicó el Boletín 21: En Tiempos de pandemia tampoco es hora de callar las violencias contra las mujeres, en el que sostiene que “no es aceptable que, frente a la disminución de los demás delitos que se expresan mayormente en el espacio público, la institucionalidad, y en particular el sistema de justicia no atiendan de manera ágil y prioritaria a las mujeres que están sufriendo los mayores niveles de violencia, teniendo en cuenta que la cuarentena encierra a las personas y restringe su vida al ámbito estrictamente privado y doméstico, en el que ocurren los mayores hechos de violencias contra mujeres y niñas”.

Mosquera asegura que el análisis que hicieron en ese momento se mantiene a la fecha, porque aún cuando se han levantado poco a poco las medidas de aislamiento, no ha habido una reactivación completa de diversos sectores económicos ni de las condiciones laborales, además, porque las condiciones materiales siguen empeorando para muchas mujeres y la configuración de situaciones que se tenían en cuarentena continúa aún sin ella. 

Por otro lado, el boletín de Sisma expresa también que no es comprensible que el Estado no haya previsto mecanismos para que las mujeres pudieran acceder en el marco del Aislamiento Preventivo a los servicios del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF); así como a la arquitectura institucional implementada por la Fiscalía General de la Nación para dar respuesta al incremento de violencias contra las mujeres.

El tema se vuelve aún menos comprensible si se tiene en cuenta que existían ejemplos de lo que estaba pasando con el aumento de las violencias contra las mujeres en cuarentena en otros países. 

Incluso, el primer comunicado de prensa de la Secretaría Distrital de la Mujer de Bogotá sobre el COVID-19, publicado el 19 de marzo, lo demuestra: “Teniendo en cuenta la experiencia que han tenido otros países frente al Covid19 y un posible incremento de la violencia de género, la secretaria Distrital de la Mujer, Diana Rodríguez Franco, reconoce que pueden surgir sentimientos de angustia, presiones y reacciones, que podrían agravar las desigualdades entre hombres y mujeres”.

Olga Amparo Sánchez, coordinadora de la Casa de la Mujer, afirma que en Colombia no hubo conciencia de que esta situación se podía desbordar. “El país no dimensionó las violencias, ni el impacto económico y el problema de desempleo en la vida de las mujeres”.

En general, lo que expresan algunas organizaciones es que las instituciones no han dado respuestas que garanticen el derecho a vivir una vida libre de violencias para las mujeres durante la pandemia, pues aunque las llamadas han aumentado considerablemente, no se refleja un aumento equivalente frente a las denuncias ante las instituciones encargadas. 

El espejismo de las cifras de atención a casos de violencia doméstica

Según el Observatorio Colombiano de las Mujeres, adscrito a la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, del 25 de marzo al 1 de octubre, las llamadas a la línea nacional 155 ーal servicio de mujeres víctimas de violencia intrafamiliarー aumentaron en un 100 % en relación con el mismo periodo de tiempo del año pasado. Las llamadas específicamente para denunciar violencia intrafamiliar, en el mismo periodo de tiempo y frente a la misma comparación, aumentaron en un 119 %.

Cifras altas, sin duda, pero que en todo caso presentan una disminución frente a lo que se venía registrando durante los primeros días de cuarentena. Entre el 25 de marzo y el 28 de mayo, el aumento en las llamadas generales fue del 147 %, y del 162 % en llamadas para denunciar violencia intrafamiliar. Diariamente se recibían 128 llamadas en promedio.

En Bogotá, de acuerdo con el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de la Alcaldía, el volumen de llamadas a la Línea Púrpura cambió sustancialmente a partir del 20 de marzo. “Antes de esta fecha”, dice un informe publicado en abril, “en un día promedio por semana se recibían entre 70 y 80 llamadas; en la semana del 20 al 26 de marzo ese número aumentó a 297 llamadas. Así mismo, los contactos por chat de WhatsApp que hasta ese momento no superaban las 70 conversaciones promedio por día, llegaron a 215”; es decir un aumento del 230 % en las llamadas y del 196 % en los mensajes de WhatsApp.

La disminución se debe, entre otras cosas, a que para ser valoradas primero deben haber puesto una denuncia en las Comisarías de Familia o en la Fiscalía, que son las entidades que trasladan a las mujeres a Medicina Legal, un proceso que, como varios, ha disminuido por la cuarentena.

Igualmente, como se mencionaba hace un momento, son cifras que van a la baja semana tras semana, pero que siguen representando un aumento sustancial en la violencia contra las mujeres.  

No obstante, de acuerdo con Mosquera Vega, “lo que muestra el número de llamadas se queda corto porque tenemos una brecha de acceso a celulares”. Las mujeres tienen una menor probabilidad de tener celulares que los hombres e incluso, aún teniendo teléfono móvil es posible que no cuenten con minutos o datos. Sin contar que muchas de ellas viven con su agresor, lo que puede impedirles interponer las denuncias, “y eso nos pone ante un subregistro tremendo”, señala. 

Esta línea no ha sido el único mecanismo para combatir las violencias basadas en género durante estos meses. Desde 2013 Medicina Legal implementó el Protocolo de Valoración del Riesgo de Violencia Mortal Contra Mujeres por parte de su pareja o expareja; un mecanismo de Alerta Temprana  para determinar el nivel de riesgo en que se encuentra una víctima y cuyo objetivo es la toma de medidas de atención y protección inmediata. Esta valoración es un servicio que presta Medicina Legal en 18 ciudades del país.

En caso de que la mujer obtenga en la valoración un riesgo Grave o Extremo de feminicidio, se activan las rutas con otras instituciones para proteger su vida, como la Secretaría Distrital de la Mujer ーen Bogotáー, la Policía o la Defensoría del Pueblo. 

De acuerdo con Medicina Legal, en el período comprendido entre el 20 de marzo y el 31 de agosto de 2019, se realizaron 4.447 valoraciones en casos de mujeres víctimas de violencia de pareja o expareja. Para el mismo periodo de 2020, se atendieron 2.377 casos; casi la mitad. La disminución se debe, entre otras cosas, a que para ser valoradas primero deben haber puesto una denuncia en las Comisarías de Familia o en la Fiscalía, que son las entidades que trasladan a las mujeres a Medicina Legal, un proceso que, como varios, ha disminuido por la cuarentena.

Martha Mancera, vicefiscal General, en entrevista con el diario El Tiempo dijo que durante el periodo de aislamiento, entre el 20 de marzo y el 30 de agosto, se presentaron 38.331 casos de violencia intrafamiliar, y que se observa una disminución de 7.042 casos en comparación con los del mismo periodo del año pasado. No obstante, Mancera reconoció en la misma entrevista que “la convivencia con sus agresores y el aumento del nivel de riesgo puede impedir que las mujeres presenten denuncias”.

¿Qué dicen las organizaciones de mujeres?

De acuerdo con las organizaciones consultadas para este artículo, las entidades estatales defensoras de los derechos de las mujeres ーcomo las secretarías de la Mujer y la Consejería presidencial para las Mujeresー son las que mejor se han activado para defender los derechos de esta población y disminuir las violencias en su contra durante la pandemia.

Por ejemplo medidas implementadas durante los días de cuarentena como ‘Espacios Seguros’, una estrategia de atención a mujeres víctimas de violencias en farmacias y supermercados de la Secretaría de la Mujer de Bogotá, es para Mosquera Vega un esfuerzo que “valoramos positivamente porque hace parte de las recomendaciones de Naciones Unidas, de generar espacios donde las mujeres van constantemente para que puedan pedir ayuda”. 

Asimismo, valora el aumento en la capacidad de la línea de atención a mujeres que se ha dado tanto en la capital como a nivel nacional, y las estrategias creadas para evitar las violencias domésticas, como por ejemplo la que generó durante la cuarentena la Secretaría de las mujeres y la equidad de género de Manizales: una opción en la Línea por la vida que atiende exclusivamente a hombres, denominada la Línea del parcero, cuyo propósito es acompañar y escuchar a hombres para evitar que realicen actos violentos contra las mujeres.

Por su parte la investigadora de la Red Jurídica Feminista Lina Morales nos señaló que algo que mejoró mucho en la pandemia es que toda la Secretaría de la Mujer de Bogotá trasladó sus servicios a la virtualidad, “y esto termina eliminando un montón de barreras institucionales que existían antes”. 

Asimismo, señala que esta misma institución hizo un esfuerzo por divulgar información para las mujeres, y que estuvo pendiente de las redes sociales de la entidad, entendiendo que en muchos casos las mujeres piden ayuda o intentan denunciar a través de estos canales. “Fue mucho más sencillo acceder a los servicios de la secretaría porque toda la secretaría estaba trabajando de forma virtual”.

Sin embargo, estos esfuerzos no están exentos de problemas.  

En primer lugar, es difícil de explicar el hecho de que el Estado no hubiera volcado los servicios que se sabía que iban a disminuir para atender las necesidades vitales de esta población. “No estábamos preparados para una situación de emergencia de violencia, porque se miró la emergencia desde el punto de vista médico”, dice Sánchez.

Además de esto, es necesario fijar atención sobre qué formación y qué capacitaciones tienen las personas que están recibiendo día a día estos casos a través de todos los canales de denuncia. De acuerdo con Olga Amparo Sánchez, en la Casa de la Mujer “hemos conocido casos de mujeres que sienten una gran frustración porque la atención no fue adecuada”.

Finalmente, varias organizaciones de mujeres aseguran que tampoco hubo diálogo entre estas entidades y ellas para ayudar a amortiguar un impacto que era previsible durante la cuarentena.

De igual manera, varias de las mujeres entrevistadas coinciden en que las entidades encargadas de garantizar el acceso a la justicia han brindado una respuesta insuficiente. “Hace falta una mejor articulación con las entidades que tienen a su cargo la investigación y judicialización de los agresores”, de acuerdo con Morales.

Sánchez, coincide en esto: “Hicieron un esfuerzo serio a nivel institucional y de diseñar estrategias que permitieran abordar esto, pero no contaron con los recursos suficientes, porque la realidad desbordó la respuesta institucional, en el sentido de que no a todas las mujeres se les dio una orientación, no se les brindaron medidas de protección o una asistencia adecuada”. 

Finalmente, varias organizaciones de mujeres aseguran que tampoco hubo diálogo entre estas entidades y ellas para ayudar a amortiguar un impacto que era previsible durante la cuarentena. “Una de las primeras recomendaciones es tener en cuenta a las mujeres en la respuesta a la crisis, porque son las que están viviendo el impacto, porque son las que conocen el territorio y son el enlace fundamental”, dice la investigadora de Sisma Mujer. 

Esta falta de articulación entre entidades estatales, instituciones y organizaciones independientes de mujeres hace que sea mucho más difícil abordar, detener y prevenir la violencia doméstica y los feminicidios. De nada sirve que las mujeres informen a las instituciones, por medio de llamadas o chats, si el acompañamiento posterior que se dé desde la justicia es deficiente. Por el contrario, este tipo de falencias podría poner aún más en riesgo sus vidas. “La seguridad se sigue pensando desde un enfoque muy patriarcal y eso no necesariamente es seguridad para las mujeres”, dice Mosquera Vega. 

La pandemia está presentando, mes a mes, los datos para poder hacer un análisis riguroso de las violencias exacerbadas contra las mujeres, entender las razones detrás de los posibles subregistros y tomar de manera precavida las cifras que indican avances o efectividad en la lucha contra estas violencias. Aparte de este análisis, es necesario exigir a las instituciones encargadas que continúen el fortalecimiento de sus canales, a través de más recursos económicos, financieros y técnicos. Una acción concertada entre lo estatal, lo privado y lo civil. “Hay que mejorar aquello en donde existen vacíos muy grandes; es decir una política de más largo alcance”, dice Sánchez, se refiere ella a que se incluya la educación para detener las violencias contra la mujer desde la raíz.

Ahora, no podemos volver a la anormalidad patriarcal de antes, pues como dice el colectivo Olla Revuelta de Chile, “para las mujeres siempre hubo pandemia: se llama patriarcado y mata por decenas”.

“La normalidad que se tiene que construir en adelante, debe ser una normalidad feminista, con las mujeres, que fueron quienes nos sostuvieron durante la crisis”, dice Mosquera Vega. 

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